
Cuento corto
Mi cuerpo, mi mente y mi corazón, adolecen por la tarde. He identificado con una perfección innata mis males. Sin embargo, me es imposible describirlos. Me he trazado algunas metas inverosímiles.
Hasta hoy y durante casi un mes.
He tratado de conciliar el sueño entre espacios que carecen de pretextos, dejarme seducir por los amores fatuos, creer en la magia de la noche y emborracharme a placer.
Para mí desgracia, nada me ha funcionado. Vuelvo al mismo sitio de siempre, donde ahora hay lirios solares, antorchas fugaces que me ayudan a distinguir las noches. Pues con el arribo de la mañana se extinguen...
Mi derrota se desvanece cuando te veo. Duermes. ¡Si que duermes! Acomodo tu hermosa existencia cubierta de cal que ha caído desde el techo por las lluvias de agosto. Así como el techo, mi mundo parece desmoronarse. De a poco, en migajas que terminan siendo escombros.
Si bien esto parece el fin de mis tiempos, la bruma de tus ojos me dice lo contrario.
Te adoro...
Espacio Libre México
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