Tortas de repollo ahogadas en salsa Búfalo

Durango de cíclopes y monjas, de mitos y leyendas

Cultura 18 de diciembre de 2022 Jesús Marín

tortas

Un señor gordo, gordo, gordo como la gordura misma, de gran y enorme papada y pesados alientos, vestido de camisa blanca y pantalón negro. Suda a mares como si fuese de cera y se derritiera. Vende tortas, lonches para medio paliar el hambre del mediodía.

En una bici ofrece su restaurante ambulante, tortero. Es una bici de las inglesas, de las de cartero, color negro, donde oferta sus manjares tortianos. En la parrilla trae desmesurado canasto, repleto de lonches, tortas de telera, con harto repollo, pellizcos de jamón, y unas gotitas de queso amarillo. También hay lonches de cueritos curtidos, eso sí, más caros, no mucho. Sabrosos para apaciguar la endiablada hambre. Generosos en chile jalapeño. Y toda la salsa búfalo que le quisieras salpicar.

Te las vende baratas, le agrega un gran chorro de salsa para sazonarles el gusto. Con apetito hasta la pastura es manjar. Uno las devora rete sabroso, aunque sea casi puro repollo remojado.

Se pone él, su paquidérmica figura, su canasto y su bici, afuerita de las entradas de los cines entre semana, en las tardecitas de tres películas por un boleto, para que, entre películas, entre mordida y mordida, darles mate a las tortas.

Los fines de semana ofrece sus lonches en la Ciudad Deportiva, allá por el estadio de béisbol Francisco Villa y el de fút, Francisco Zarco. Muy acomedido con el hambre de jugadores y aficionados.

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