El regreso a clases o por fin nos libramos de nuestros escuincles

... Caminito de la escuela va todo el reino animal... Canción de Gabilondo Soler: Cri Cri, el grillito cantor

Cultura 27 de febrero de 2024 JESÚS MARÍN

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Se inició el nuevo ciclo escolar, miles de alumnos regresaron a las aulas, ante el respiro de alivio de sus progenitores que tuvieron que lidiar con ellos durante sus vacaciones. “Quién sabe qué culpas estamos pagando viejo. Salieron peor que nosotros.”

Tiempo que se les hizo eterno ante el cruel destino de soportar a los “reyes del hogar” haciendo y deshaciendo, mandando con verdadera vocación de tirano sudamericano o líder charro del PRI.

Sufrir sus berrinches de escuincles latosos, verdaderos entes cuasi demoníacos. Verlos ociosos todo el santo día pegados a la televisión, a la computadora y al costoso celular que mediante chantajes o berrinches lograron obtener de sus desesperados progenitores.

Verlos devorando frituras tras frituras con sendas gaseosas, con un afán casi lujurioso de engrosar la lista cada vez más larga de diabéticos del país o quemando sus pocas funcionales neuronas, por no decir dos, ante el player station o recreando el morbo ante las páginas prohibidas -y por ende más visitadas- del internet.

Semanas a merced de su feroz prole, de su salvajismo salvaje enmarcado por una aureola de santidad, sin olvidar que el mismo Satanás alguna vez fue el ángel más bello.

Estos escuincles pueden quebrar a cualquier padre de familia, que ahora aparte de soportar el duro trabajo esclavizante para ganarse los pocos pesos para alimentar a la manada, tuvo que soportar la larga lista de quejas y travesuras realizadas ante la perspectiva de no tener que hacer nada por parte de los enanos en vacaciones, o resignarse al ruido imperante provocado por la algarabía y desmanes de sus chiquillos.

Días que pudieron acabar con los nervios de las madres y sacar madres de sus señoras madres, que ya sin otra opción, a riesgo de pagar en lo futuro, horas y horas ante psiquiatras, recurrieron a la sabiduría de un buen par de nalgadas o en su defecto toda una sarta de palabrotas que harían palidecer a cualquier carretonero de cantina.

Por ello, ante el regreso a las aulas, miles de veladoras a San Juditas Tadeo fueron encendidas a manera de agradecimiento por los padres sobrevivientes a tan peligroso período vacacional de sus hijazos e hijazas.

Y no importó pagar la millonada para adquirir los útiles escolares, que en más de los casos son inútiles, ante la cantidad aberrante y francamente obscena que piden como “lista oficial”.

Sí, los funcionarios de la SEP se la bañan al pedir tal cantidad de libretas, de lápices, de sacapuntas, de lápices adhesivos, casi cuarenta diccionarios, cada uno en una lengua distinta que va desde el inglés gringo hasta el arameo, la  lengua materna de Jesús Cristo. Quienes elaboran dicha lista oficial de útiles escolares, no les importa más que el negociazo que representa tal gasto, según ellos, así aprenderán mejor, como si el uso de una libreta para cada asignatura garantizara el mejor aprendizaje y aprovechamiento de cada alumno.

Lo único garantizado con esta lista, es la desviación de la columna vertebral y el achaparramiento de nuestros niños, luego nos quejamos que seguimos siendo los más chaparritos del continente americano y los más ñangos, caray, cualquier niño que tiene que cargar más de veinte kilos en su espalda durante seis años de sufrida primaria, ¿qué desarrollo puede tener?

Por eso seguimos siendo chaparrones, por la losa, que a manera de pípila, les hacemos cargar a nuestros niños y ¡ay! de aquel escuincle que se atreve a no llevar completa su lista, será presa de la indignación de sus maestros, señalado con el índice de fuego por su actitud retrograda y maldiciente y por consecuencia víctima de la burla y desprecio de sus compañeritos de clases, que al son de “éjele no tiene dinero, éjele es un  pobretón” , arrancarán lágrimas de angustia al escuincle infractor al saberse excluido de los juegos del recreo por no haber traído las cincuenta libretas, los mil trescientos lápices, el millón y medio de lápices de colores y los cuarenta diccionarios, además de un equipo completo  de geometría avanzada para ingenieros de la NASA, y ciento cincuenta mil kilómetros de cinta adhesiva, y a eso hay que sumarle, los cinco kilos de frutas para los maestros y por si fuera poco, queda cubrir las “cuotas voluntarias” que pide cada escuela para inscribir a los chamacos en cuestión, que de voluntarias no tienen nada, porque se paga o se paga, casi casi a fuerza de cañón, para ser claridosos : a wuevo.

Si no entonces se corre el riesgo de que se le niegue el acceso tan siquiera a la puerta de la escuela o se le humille en público al denunciarlo que no se mochó con la tajada, digo con la cooperacha en bien de la escuela, para sus mejoras aunque a veces lo único que mejora sea el nuevo carro del dire, pero ante el peligro de tener a los escuincles seis meses en casa, los padres empeñan hasta el alma y en algunos casos hasta la parte baja de la espalda, para pagar las cuotas, las colegiaturas no declaradas, las ayudas y demás lindeces lingüísticas conque disfrazan el sacadero de dinero y el robo descarado que sufren los paterfamilias cada vez que se inicia un nuevo ciclo escolar.  

Otro gasto a cubrir es el de los uniformes, que van desde el más sencillito hasta modelos Cristian Dior, digo por lo que hay qué pagar, y eso que nomás se lo pondrán un año, porque el usuario o ya le creció todo y no cabe en el  uniforme y habrá que mercarle otro para el año siguiente o porque ese modelo ya pasó de moda, y lo más terrible que le puede pasar a un niño en la escuela,  no es reprobar tres años consecutivos el recreo, no, ni desconocer el nombre del padre de la Independencia, digo con trabajos sabe el nombre de su progenitor sanguíneo (o del que cree que lo es), que le va andar importando el nombre de un señor cura muy liberal y mujeriego.

Lo más terrible es no andar a la moda en la escuela, ser el hazmerreír por no portar los tenis marca o no tener el ultimo celular y quedarse sin el ¿placer? de escuchar Bad. O traer un simple celular sin cámara ni video, y cámara, eso equivale a ser casi un “ruco” fuera de onda y de ritmo.

Y un niño puede soportar de todo, cargar mochilas con veinte kilos a la espalda, apenas saber leer ya en sexto año, no bañarse más que en quincena, pero no estar a la moda y no pertenecer algún grupo o sentirse excluido, es peor que ser un profe en el más bajo escalafón magisterial o declararse públicamente priísta a los veinte años.

El regreso a clases viene a salvar muchas vidas, algunas de los alumnos que estuvieron a punto de ser eliminados por sus desesperados padres, que al grito de burricidio, burricidio con los ojos desorbitados, exigían regresaran a sus escuelas so riesgos de morir ahorcados, y obvio, la de muchos padres que evitaron gastos de hospitalización ante los inminentes ataques cardiacos y derrames biliares que este período vacacional, que gracias a Dios concluyó, estuvo a punto de provocar.

Ahora todo queda en manos de sus maestros, sufridos mentores que lidiarán con manadas salvajes de desbocados niños chipiles, latosos esquizofrénicos, de preadolescentes que nomás se la viven viendo a quien chingar.

Y la educación nos hará libres. Já, permítanme carcajearme ante tal ingenuidad. Bueno la libertad que nos pueda dar ganar un salario miserable, pese a doctorados y licenciaturas, pero escuincles latosos, estudien, total, eso es mejor que andar vendiendo chicles en las esquinas o limpiando parabrisas entre semáforo y semáforo. Ya tendrán tiempo, mucho tiempo, para amargarse y caguamear.

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