Siempre hay espacio para la tristeza

Tú tan lejos y yo, tan cercanamente muerto

Cultura 30 de enero de 2024 JESÚS MARÍN

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Acaso en este silencio de tierra, puedo recordar los tiempos en que éramos único ángel, Príncipe entre Príncipes, Rey entre Reyes, y plegábamos nuestras alas en la infancia del mundo; no olvides amor mío que no hay luz más intensa que la oscuridad y no hay verdad más liberadora que el sabor de la sangre.
Bebed de ella y seréis como dioses; éramos lucero de la noche antes que el falso dios nos condenara a vagar por el mundo. A buscarnos, a llamarnos por el viento de la soledad, ¡oh amada Princesa, mi pequeña niña, mi Ángel derrumbado!, yo no tengo ya nada que ofrecerte, mi sangre ha sido derramada en tierra sagrada y mis ojos me han sido vedados a la belleza de tu tristeza.
Escuchadme a través del viento, sea él, el mensajero: te amo como hace milenios, como desde el primer día en que te vi desnuda, cuando llegaste sin otra frontera que el sabor que tu vientre.
Y fueron tus pequeñas manos, sanadoras de todos los males de mi oscuridad. Y fue tu boca quien me curó de este desamparo. Y fue tu voz quien me dio vida entre los muertos, quien me rescató de este naufragio.
Duro es el invierno sin ti, amada Penélope, Princesa de la oscuridad. Siglos han pasado desde la última noche en que mi sangre fue tu sangre y tu vientre mi alimento. 
Ahora sé que la eternidad es un infierno sin la dulce tristeza de tu muerto corazón. Ellos, los otros, nuestros enemigos nos han vencido, tú yaces crucificada por el miedo a ser tú misma, y yo, errante, sin encontrar la paz, sin encontrar un hogar. Tú eres mi hogar. 
Regresa a mí, amada Princesa, devuélveme la sangre. Devuélveme la oscuridad. Pervertir es más noble que creer. 
Hoy simplemente se me desbordó la tristeza. Se rompieron las compuertas y me inundó esa tristeza negra y espesa que todo ahoga y todo sepulta. Una tristeza contenida e ignorada, hoy se me rebeló y como hiena salvaje me está devorando. Tristeza que sabe a tierra. Tristeza con el olor de tu ausencia. Tristeza que me asfixia. Tristeza que se llama como tú.
A veces ni las palabras sirven para borrar tu ausencia. A veces siento que ni la misma muerte podría hacerlo. Tú tan lejos y yo, tan cercanamente muerto.

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