El peligro de decir siempre la verdad

Prosa suelta

Cultura 12 de junio de 2023 JESÚS MARÍN

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Nunca. Bajo ninguna circunstancia. Ni en tortura extrema le digas a la mujer amada o le indiques que se ve o está gorda. A menos que ya quieras morirte. No habrá lugar en el mundo ni el infierno donde puedas esconderte de su furia. Ni habrá Dios para suplicarle que interceda por ti. 

Aunque ella tiernamente te pregunte: ¿Me veo gorda amor? No respondas. Es una trampa. Huye, aléjate de inmediato, no es tu mujer. Es Satanás disfrazado de tu mujer. Cierra los ojos y haz la cruz con tus manos y reza.

No les respondas bajo ninguna circunstancia. 

Yo ayer cometí ese pecado. Mi chica subió una foto de una gata, digamos llenita, con una servilleta en el cuello, con la leyenda “yo esperando de comer” y no sé qué demonios estaba pensando que le comenté “y sí, la misma rodada”, no había acabado de teclear la última letra cuando el fin del mundo se desató. 

Un tsunami se abalanzó sobre mí, me azotó contra paredes, pisos. Me abrió en canal, me masticó y escupió.  Yo nomas escuchaba una voz gutural y obscena, entre el madreo y madrazos: “me estás diciendo gorda” y la golpiza siguió.

Hoy. Después de casi 24 horas del suceso. Es hora que no me perdona. Y créanme no es grato estar encerrado en esta jaula. Ni comer sólo agua y pan.

 

II

 

Antes los feos éramos gente decente. Estábamos conscientes de nuestra fealdad. Y la reservamos para uso personal. Éramos feos respetuosos de nuestra fealdad. Feos discretos. 

Ahora esos valores se han perdido. Y todos los feos, pero sobre todo las feas, se sueltan, desparraman su fealdad, compartiendo sin piedad ni recato, su horrible fealdad, en redes. 

Exponen sus fotos, sus grises sonrisas. Mujeres más feas que un dolor de estómago. Más feas que la fealdad misma. Creen que por el solo hecho de mostrarse en fotografías, su fealdad va a desaparecer. 

Creen que se ven sexis si posan, según ellas en posiciones elegantes o se toman la foto desde arriba pa disimular panza y fealdad. Ya no hay respeto, ni temor de Dios. Y nos atacan con su fealdad, sin recato ni vergüenza.  Qué feo, ¿no? Tengan piedad.

 

III

 

Ves un anuncio de una cerveza, fría y sensual. Salta el chorro de lluvia dorada en un orgasmo de sabor. Se te agua la boca, se te humedece el corazón. Y aparece un voz fuera de foco: Todo sin exceso. ¿Quién te puede decir cuantas cahuamas son un exceso? 

Depende que tan roto tengas el corazón. El grado del exceso es directamente proporcional al nivel del dolor que te acongoja. Es absurdo que te diga que bebas cerveza con medida, es como si te dijeran que respires con medida, que cojas con medida, que mueras con medida, que te la jales con medida. El único limitante es qué tanto tu hígado pueda soportarlo. Y aun con el 20% puedes sobrevivir. Así que a beber en exceso. Cerveza sin límites.

 

IV

 

Los huérfanos vivimos aislados de la vida desde antes de la cuarentena. Por eso el aislamiento no nos afecta tanto. Encerrados en la nostalgia, compartimos celda con nuestros recuerdos. Basta cerrar los ojos y escuchar la voz de madre llamándonos a comer. 

Escuchar a tu padre contarte de la Segunda Guerra. Y a mi abuela olorosa de historias de ánimas.

Los huérfanos en la vida, tenemos nuestro corazón en los muertos vivos de nuestra infancia. Es nuestro mundo en esta devastación. Sin miedo a la muerte. La muerte es para nosotros el recuentro con nuestra gente amada. Si vives haciendo lo que te gusta. Si has amado y sido amado, el miedo no existe. Y morir es un cambio de universo...

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