En vista que no soy capaz de matarme, declaro estar muerto

El más terrible de los sentimientos es tener la esperanza perdida. Federico García Lorca

Cultura 05 de junio de 2023 JESÚS MARÍN

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Necesito olerte. Olerte toda. Llenarme de tu aroma. Hundirme en la fragancia de tu cuerpo y en el frescor de tu alma. Olerte toda, no dejar ni un milímetro libre de tu cuerpo.

Volver a ese cuerpo de veinte años que fue territorio de mis besos y mi lengua. Ahora, veinte años después, te sigo amando. Necesito volver a conquistar tu vientre de Venus. Sentirte mía. Sarah. 

Ya no soporto más tu ausencia. Venid con tus alas negras a cubrir con vuestra sangre, oh mi amada princesa oscura, abridme la herida entre vuestros muslos y has renacer a este tu demonio. Seremos uno solo como está escrito desde el principio de los tiempos...

 

II

 

Lo sé. Yo me perdí en los abismos, en la culpa, en busca de un perdón que no existe, en dioses, en la cerveza y las drogas. En otros vientres. Nada me sirvió. He aquí arrodillado ante tu misericordia, mi amada niña, esperando vuestra piedad.

Una palabra tuya me devolvería la paz. Una palabra tuya haría un milagro en mi vida. Ya pagué muy duro todo el daño que hice. Perdí todo. Mis bienes, mi orgullo, mi soberbia. Los últimos tres años de mi existencia he vivido de la limosna y la piedad de la gente. Apenas hoy me estoy reconstruyendo, ladrillo a ladrillo. Aún sufro dolores atroces en mis rodillas por las noches. Ya camino mejor. Mis llagas en los talones aún no cierran. Me sostiene la esperanza de volver a verte. De volver abrazarte.

No tengo palabras para pedirte el perdón. Casi destruí tus sueños. Sé el daño que te provoqué, a ti la única mujer que ha iluminado mi corazón. Me cegó la furia de macho. Me cegaron los celos y saber que te perdía. Aquí estoy arrodillado ante vuestra misericordia Sarah.

Yo no puedo ofrecerte nada. Estoy destruido. Sin futuro ni fortuna. Me sostiene tu recuerdo. El saber que una niña como tú, inocente y pura, alguna vez creyó en mí.

 

III

 

Te das cuenta que no hay salvación. Por más que reces, tu dios no existe. Tu dios es un pedazo de yeso moldeado para sofocar la desesperanza cotidiana. Y por más que lo intentes, tu realidad es devastadora que el mejor intencionado de tus sueños.

Toda esa literatura barata de optimistas y místicos, de frases de autoayuda, son una mierda. No hay mejor amigo que un peso en la bolsa. Más allá de tus padres y tu perro, no cuentas con nadie más. El mejor amigo se vuelve traidor apenas consigue algo de poder.

Todos te juzgan, pero nadie te echa la mano. Eres tú y la nostalgia. Eres tú y ese hermoso recuerdo de ella, tu Sarah. Lo otro es sobrevivir y no rendirse.

Es no darle el gusto a nadie de verte caído. Sigue ladrando perro loco, aunque por dentro te lleve la chingada.

Sigue ladrando aunque tu corazón haya muerto de negra tristeza. Aquí nadie se rinde ni pide clemencia. Aquí seguimos cahuama en mano y chingue a su madre la tristeza. Salud pinche flakita amada...

 

IV

 

Qué se sentirá despertarse un domingo abrazado a ti. Mirarte dormida, mientras en silencio agradecer a cualquier dios, el milagro de tenerte a mi lado. Ocurrirá tan prodigioso milagro, rezo por ello, cada día. En tu vientre encomiendo mis labios. Te amo Sarah.

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