Un festival (sin) Ricardo Castro 2023

La cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer. -Mario Vargas Llosa La civilización del espectáculo

Local 24 de abril de 2023 ÓSCAR JIMÉNEZ LUNA

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    No deja de asombrar cómo pueden cambiar tanto las cosas de una administración a otra. El caso de Durango es notable por la caída libre en que se halla actualmente  el área cultural, tanto en la administración estatal como en la municipal. Y no es porque vengamos del mejor de los mundos posibles, ni mucho menos. Al casi abandono del gobierno de Aispuro en esta materia ha sucedido un fenómeno que ya se venía prefigurando: la distorsión de la promoción y difusión del arte y la cultura. 

     El festival Ricardo Castro de este año, lamentablemente toca fondo respecto a las ediciones anteriores (independientemente del éxito de los masivos). Después de revisar su programa general, por increíble que parezca, ¡no registra ningún evento que se relacione con el ilustre músico durangueño! En el cartel que se dio a conocer, al menos, brilla por su ausencia. También desapareció la imagen icónica del artista y ¡la sustituyeron con la de los cantantes Pepe Aguilar y Margarita, la diosa de la cumbia! Faltan palabras para describir semejante atropello a una tradición que se venía consolidando en el IMAC. Y eso que la programación incluía a participantes locales, que por supuesto los hay y de importancia. Esa no es la cuestión. Lo que pasa es que Ricardo Castro fue echado del festival que lleva su nombre. Bastaría que la maestra Vico le echara un vistazo al cartel del pasado festival para que observara la diferencia: un dibujo de buen gusto del célebre músico durangueño es la imagen central del encuentro. Ahora, repito, es Pepe Aguilar (por cierto no tengo nada en contra de este tipo de espectáculos, que gustan tanto, como digo, pero el perfil del festival era otro muy diferente). Y si la calidad de este festival está lejos de los organizados por Paty de la Cruz, y de otros directores anteriores,  qué decir de los que llevó a cabo Claudio Herrera, que incluso con toda razón tenía el complemento de “Internacional”, y que eran cubiertos por los canales nacionales 11 y 22 de televisión. Aquí estamos a años luz de diferencia. ¿Cuál es la imagen que proyectamos ahora desde Durango?: ninguna que nos identifique y que promovamos con orgullo. Se trata, por poner un ejemplo, de esos costales que afuera dicen: “Harina” o “Azúcar”…y están vacíos. 

    Tampoco es verdad que a los eventos en que se guardaba el formato original no fuera nadie. Eso es absolutamente erróneo. Poco a poco se iban agregando más asistentes a los conciertos de cuerdas, al cine de arte, a las conferencias temáticas. Quienes dicen que no asistía la gente, es precisamente quienes no asistían. Hay un público para este tipo de festivales, el teatro Ricardo Castro se llenaba. ¿Y si no hubiera sido así? ¿Todo se tiene que medir por cantidad? ¿Porque al final son votos? Lo que sí es cierto es que ese público culto se va a perder gradualmente, porque no se les atiende igual. Y aquí está el punto clave: las instituciones deben equilibrar en sus objetivos la conjunción de las bellas artes y precisamente la cultura popular, pero respetando lo específico de cada programa. Y, repito, el Festival Ricardo Castro perdió su razón de ser en este 2023, en sentido estricto.   

    Cualquiera que esté al tanto de la trayectoria de los IMAC puede localizar el punto de quiebre de esta irregularidad.  Donde se torció el rumbo  fue en aquel festival en que se trajo a la cantante Yuri y al Conjunto Primavera en el año 2015 –cuando fungía como director Lauro Arce-, y al que todavía sin ningún recato con las fotografías de estos cantantes llamaron Festival de las Artes Ricardo Castro.

 En esta edición el IMAC hizo exactamente lo mismo. Más apropiado para este tipo de eventos sería un festival de otra naturaleza. Después de la pandemia todos queremos divertirnos, celebrar nuestra sobrevivencia, pero no echando a perder las cosas que funcionaban bien. Porque, no se nos olvide, el Ricardo Castro debe tener como objetivo primordial el de promover la figura y la obra de nuestro célebre compositor. Lo demás serían complementos (las motos, los masivos, las muestras gastronómicas…), si se quiere.

   Como ciudadano, escritor y promotor de la cultura, mucho me gustaría que se corrigiera el perfil del otrora digno Festival Ricardo Castro, que se revisen para el año próximo sus contenidos de acuerdo a sus principios originales. La actual directora del IMAC tiene mejores ejemplos que seguir ya que ha trabajado con varios directores que hicieron su labor respetando la figura del ilustre músico.  Y ya ni hablar de los costos económicos, en tiempos de crisis presupuestales. Entre Pepe Aguilar y Margarita, la diosa de la cumbia se llevaron ¡más de diez millones de pesos! Si se contrataran artistas de por lo menos  la mitad de lo gastado (en otro festival y mejor a cargo de la Dirección de Turismo), se podría construir en los dos años siguientes un edificio para el IMAC, en donde se paga renta desde sus inicios, y así se apoyaría mucho mejor a los artistas locales, ya que en lugar de pagarles dos o tres mil pesos por actuación (si bien les va), se podría retribuir su talento con diez o quince mil pesos.

 Y contaríamos con más libros, más apoyos a los pintores, concertistas, cantantes de ópera y  más cobertura artística en la población rural. Incluso se podría poner en marcha un programa de mejoramiento bibliotecario (mobiliario, novedad en libros, servicio de internet, etc.), que mucha falta hace.

     He apuntado un antecedente que explica el porqué de la programación del festival Ricardo Castro de este año. Sin embargo hay otro mucho más reciente: el festival Revueltas 2022. Igual fue un ¡festival (sin) Revueltas!, salvo por dos o tres eventos que según el actual director del ICED,  Pancho, legitiman el perfil revueltiano del encuentro. Eso también es falso. Les importó más destacar en el cartel a Reili Barba y a la Sonora Santanera, que propiamente a los hermanos Revueltas, como se había hecho con más conocimiento y sentido común en festivales anteriores. Es la misma “escuela”, es la idea que el grupo que ahora toma las decisiones oficiales de la “cultura” en Durango (Lauro, Pancho, la maestra Vico) nos quieren imponer. Darnos gato por liebre. No debemos permitirlo (debemos seguir denunciándolo como ya lo han hecho otros difusores culturales con una larga experiencia). Finalmente los funcionarios sólo van de paso. Las trayectorias consolidadas y lo bien cimentado siempre se quedan.

 

Yo creo que quienes han disfrutado durante mucho tiempo estos festivales, ya se dieron cuenta que tanto el festival Ricardo Castro y el Revueltas ya desaparecieron. No es exagerado decirlo así, si observamos los objetivos para los que fueron creados: para celebrar y continuar difundiendo a través del tiempo a estos insignes artistas, reconocidos más allá de México. Solamente quedaron los membretes (con letras chiquitas) de tan insignes maestros eméritos en los susodichos festivales. No estaría por demás que Pancho también observe el programa del Festival Revueltas 2021 (el mejor, por no decir el único más o menos rescatable de la pasada administración estatal) para que vea las notables diferencias en la calidad, comparados con el deformado y empobrecido por él. Ahora, como me dijo hace unos días un reconocido escultor, la feria de Durango empieza en abril y termina en octubre, haciendo su acostumbrada escala durante el mes de julio.  

    En síntesis: Me parece que tanto el ICED como el IMAC no están cumpliendo con su labor, porque no se han hecho responsables de recibir como se merece el valioso legado de continuar y fortalecer una tradición ya patrimonial de Durango: nuestros festivales culturales, que muchos artistas y funcionarios públicos durangueños hemos venido fortaleciendo paso a paso y que al final pudimos formar un público que atendía los eventos. Actualmente han sacado a los festivales de la vía correcta. En lugar de acrecentarlos, los transformaron para mal. 

 

    Al señalar esto, sé que al menos en el IMAC no se estará pregonando en el desierto. El presidente municipal Toño Ochoa es un hombre sencillo que sabe escuchar (tengo entendido que acaba de inaugurar un comedor comunitario llamado «Octavio Paz»), y no faltarán algunos regidores a los que les interese el asunto. Y creo sinceramente que la maestra Vico podría considerar con atención el presente escrito. Y en mi caso, para terminar, pecaría asimismo de irresponsable e incongruente con mi labor de promotor cultural de más de tres décadas, si no hiciera esta denuncia pública, planteada con preocupación respecto a uno de los asuntos más relevantes en el desarrollo integral de nuestra comunidad de Durango. 

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