El otro sol, en otro mundo llamado Durango

Lo malo es que este eclipsado gobierno de Villegas no durará cinco minutos. Nos faltan cuatros oscuros y tenebrosos años.

Local 16 de abril de 2024 JESÚS MARÍN

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De Durango para el mundo. Hablaba como si su gobierno fuera el responsable directo del eclipse total de Sol. Como si él mismo por su obra y mandato hubiera ordenado al astro sol ser opacado por la luna. Aparece Esteban Villegas en un tik tok. Dice un orgulloso Villegas casi al borde de llanto emocionado, casi en los límites del orgasmo por el eclipse.

Un eclipse desde Durango para el mundo mundial. Lo que no dice, es por qué la NASA nombró a Torreón como capital mundial de eclipse. Ni tampoco menciona la renta del mirador en el cerro de los Remedios, quizá, ¿por qué no estaba enterado? Lo dudo, lo dudo como cantaba José José. El sanjuanense no da paso sin huarache en cuanto huele el billete.

Detrás de él, se ve a su corte de ilusos y barberos. Y en los comentarios se le arrastran hasta la ignominia, dándole las gracias al señor gobernador, quesque sin él, no hubiera sido posible el eclipse. Chingao por eso estamos tan jodidos. Por somos tan agachones. Y por eso somos el último estado priista del país. Qué vergüenza.

Señala el dedo asombrado del gobernador, con la boca   infantil de asombro, el cielo cuando se empieza a oscurecer. Miren, miren a las vacas, van para el corral, piensan que es de noche. Asombroso. Están ocurriendo muchos fenómenos grita el primer mandatario como si le picaran una nalga.

¡Oh, oh! es increíble. Pone sus ojitos norteños en blanco y suspira agitadamente. Es algo impresiónate. El mejor lugar para verlo es Durango, ya pañuelo en mano y a moco suelto, se desborda.

Sigue con esa voz obnubilada, nublada por la conmoción. Es algo que se quedará grabado para nuestros nietos. Al menos sus nietos vibrarán con ese videíto de su abuelo, nietos millonarios y en el extranjero, luego de los seis años de saqueos de su abuelito como gobernador.

Es algo espectacular. Ya al borde del desmayo y el éxtasis. Échenle aire, échenle aire, repetían quedito como en la canción de piporro de Rosita Alvirez.

Esteban, cual crío, se asombra que las vacas ante la oscuridad se vayan a su pesebre. ¿Qué imaginaba? que se irían de juerga a beber pastura alcoholizada. Un comentario estúpido en un hombre nacido en el campo.

Y sí hubo gente sumida en la oscuridad de la ignorancia, pese a la información abundante sobre el eclipse. Gente que se encerró a piedra y lodo ante el inminente fin del mundo.

Otros diciendo que votarán por Xóchitl si el sol vuelve a brillar, culpando a AMLO de la oscuridad morenista de cinco minutos.

En la plaza Cuarto Centenario, los fanáticos de siempre, que no ven que es un simple fenómeno astrológico. Entreven en la oscuridad de cinco minutos mitos del fin del mundo, suegras en escoba y gatos negros aullando rolas de Iron Made, escribiendo cartas sobre el destino manifiesto. Lecturas del fin del mundo, viajes astrales, despojo de malos espíritus y amarres cósmicos. Danzando a dioses de piedra. Según ellos, descargándose de energías cósmicas, de pulgas estelares. Un chaman limpiándolos de impurezas y malas vibras.

El sol mirándonos aturdido en las alturas, pensando, carajo han pasado miles de centurias siguen igual de pendejos todavía asustados y creyendo en hechicerías. Lo único cierto y peligroso era mirarlo directamente, podía afectar tu visión. Y podías quedarte más ciego que un seguidor de la Botarga X.

A mí, el tan mentado eclipse me agarró en camino a mis cuatro míticas gordas. Ahí iba a paso de tortuga tullida. Era un día extraño, gris, sumergido en una niebla invisible.

Al principio el cielo parpadeaba, como si fuese un tardío fin del mundo. El silencio era absoluto. No ladraban los perros ni se escuchaba el canto de los Zenzontles, quizá porque en Durango no hay esta clase de aves.

Alguna gente, en su mayoría chavos salían de los comercios, lentes en mano para mirarlo. Quizá por mis casi sesenta años, no entendía tal alboroto, tal asombro, es la luna tapando el sol, y ocurre cada cierto periodo de tiempo. Nada de otro mundo.

A la gran mayoría, humanos y animales y suegras, el eclipse pasó de noche y de día. Ya de regreso, con mis gorditas y mi respectivo chesco prediabético, se prendieron las farolas y se encendieron los grillos, como aquella noche de Santiago y lentamente como falda de mujer cayó la noche.

La oscuridad se fue apoderando milímetro a milímetros, como un gato salvaje apoderándose del mundo. Parecían las ocho de la noche y no un sonriente mediodía.

Ni los perros ladraron asustados. Ni los suicidas murieron de amor. Y ninguna muchacha pronunció ningún nombre. Tampoco los gatos maullaron sus viejas cancones de muerte.

Tampoco se vio ningún fenómeno mágico y demoniaco. A excepción de mi corazón desesperado. Era la eterna danza de la Luna y el sol, en su historia de amor imposible, donde solamente se tocan por efímeros segundos

Maravilloso eclipse dijo el maravilloso gobernador con sus maravillosos sueños. Ojalá pudiéramos expresarnos así, de su casi año y medio en su gobierno.

Ha sido horrible y mediocre. Lo malo es que este eclipsado gobierno, no durará cinco minutos. Nos faltan cuatros oscuros y tenebrosos años.

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