¿Pretenden destruir el edificio de la Escuela Miguel Alemán?

En Durango el rumor es el Dios nuestro de cada día

Local 27 de febrero de 2024 Martín M. González

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Durango, despuesito de ser la llamada tierra del Cine. De ser el cielo más límpido, diáfano del mundo mundial. Capital mundial de la desidia y la apatía.  Durango es sin lugar a chismes, una tierra de rumores y de decires en voz baja. La rumorología es el deporte favorito de los duranguenses.

Se ha soltado el rumor, entre pasillos y sótanos, en cafetines y entre la raza ociosa, que el gobierno de Esteban Villegas planea derrumbar el edificio de escuela primaria Miguel Alemán, una escuela emblemática, que por años cubrió las necesidades escolares de varias generaciones de niños por aquel rumbo de la ciudad. Así de pronto ha decidido derrumbarla, obligando a las familias de aquel sector a buscar nuevas alternativas para la educación de sus hijos. Qué gran negocio inmobiliario de millones se esconde tras este rumor.

Ojalá que solamente sea eso, un rumor pernicioso de alguien sin quehacer. Pero cuando el río suena, piedras lleva. Habrá que ponernos listos para impedir tal barbaridad. Tal atentado terrorista contra nuestra herencia cultural.

El rumor también dice que ahí se planea construir una torre de gran altura, departamental y de comercios. Dándole en la madre al centro histórico. Cierto, suena a un rumor mal intencionado, pero así decían de Hernández Deras y ya ven, acabó sus hoteles en la isla de Mazatlán.

Se rumoró de las palmeras sembradas a lo wey en los bulevares de la ciudad, de quien se afirmaba que la dueña del vivero que surtían las tropicales plantas, era la señora madre del Ismael.

En Durango, lo que empieza como rumor, lamentablemente se convierte en cruenta realidad. Y a golpe dado, ni Dios lo quita. 

Así empezó el rumor del internado Juana Villalobos, sería expropiado y vean en lo que terminó, en un elefante blanco, un inútil centro de convenciones, cuya arquitectura original fue deformada ilegalmente ante la complacencia del INAH.

Así también, un rumor a voces, de cuando iban a destruir el mítico “mercadito” delegación de cuicos pitufinos, de la “polecía siempre en vigilia” y cuartel delos heroicos traga fuegos de los bomberos.

Durante años el mercadito, era la popular cárcel a donde llevaban a borrachitos y teporochos a dormir en chirrona. Hasta tenía su crónica: “Aristócratas del mercadito”, del fallecido Nepo Romero. Y lo borraron de un plumazo para construir un horroroso y carísimo monumento al pendejismo de los duranguenses que callamos vacunamente sin protestar por la destrucción de nuestro patrimonio histórico, aunque no estén llevando los pingos.

Desde los años veinte, nuestra ciudad ha sido sistemáticamente destruida, en nombre del progreso y la modernidad. El General Gavira, de infame memoria, tumbó por sus pistolas, más una veintena de edificios coloniales, entre ellos, el convento de San Agustín.

Perdimos el bello edificio el Palomar para construir la franquicia gringa de Sears. El edificio del palacio municipal en la plaza de Armas. Y así podríamos enumerar cómo cada gobierno se ha dedicado a derribar edificios y joyas palaciegas de nuestro pasado.

Y la estación del Ferrocarril, según planes gubernamentales está destinada a ser destruida para construir dos torres de departamentos de lujo y un lujoso hall comercial.

En Durango, cada gobierno, cada administración, viene a enriquecerse brutalmente a costa de la miseria de sus habitantes. Hacer negocios. A destruir el patrimonio y la historia nuestra, con una voracidad de enriquecerse el tiempo que duren en el poder.

El rumor rumorea que los grandes edificios situados por el bulevar Domingo Arrieta, sede una conocida franquicia de pollo, es propiedad de Herrera Caldera. Y el rumor afirma que varios importantes y lujosos edificios y hoteles son propiedad de varios ex gobernadores con sus respectivos prestanombres. En Durango, el rumor es el Dios nuestro de cada día.

 

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