Un caos la vialidad de Durango

Nadie pone orden ni respetan los reglamentos

Local 31 de julio de 2023 MARTÍN M. GONZÁLEZ

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A la gente no le importa matarse por responder un mensaje, chatear o responder una llamada del celular, mientras maneja. Tienen la creencia en su inmortalidad o se creen intocables por la muerte. Está bien, cada cual puede matarse de la manera que guste. Lo que no se vale, es que por su descuido suyo, por la pendejada de ir chateando o echando el chisme, mientras maneja, asesine a inocentes. A quienes lo acompañan en el carro. A un transeúnte. A otros conductores.

Debería calificarse con veinte años de pena a quién cometa tal asesinato. Multar con miles de pesos a quien se sorprenda en tales fechorías. Quitarles de por vida su licencia de manejo. Y una pena de diez años sin usar celular.

Pero una corrupción al tope hace fracasar cualquier legislación al respecto. Es preferible pagar una mordida de doscientos varos, una Sor Juana, que la multa de ochocientos. Los mordelones están muy dientones, nomás andan olisqueando dónde clavar la mandíbula, para completar la cuota del día que les exigen sus superiores y que le quede para sus lujitos.

Un verdadero desmadre es la vialidad de Durango. Nadie pone orden, ni respetan los reglamentos, ni al peatón, ni a los demás carros. Los autobuses del transporte público se creen los amos de la ciudad y sus calles. Manejan cual si trajeran tanques de guerra. La Ley de Tránsito no les interesa a las autoridades, ni el conductor tiene educación vial. Los de a pie se cruzan a mitad de la calle, cuando el semáforo está en rojo, toreando el tráfico, luego tienen la ocurrencia de morirse accidentados.

Puedes sacar tu licencia sin tomar el examen, mientras te cotices con plata o tengas algún conocido o si eres influyente.

Se han denunciado las prepotencias de la policía, una y otra vez, los ciudadanos son víctimas de sus prepotencia y abusos.

Es un tormento rodar por esas calles, estrechas y pequeñas, diseñadas en la antigua usanza de andar a caballo o en carromato. 

La corrupción en la pavimentación es evidente, los parches, que anunció el Toníñ Ochoa, han valido madre ante este temporal de lluvias. Rodar, quemar llanta, dar el volantazo por esas alacraneras avenidas, tachoneadas de baches, de hoyancos, con semáforos cada diez metros y desincronizados. 

Avenidas que en vez de agilizar el flujo vehicular, lo convierten en paso de tortuga, con esa implacable abundancia de semáforos, luego unos duran unos segundos, otros una eternidad. Y la mayoría de los conductores checando su celular en lugar de poner atención a la vialidad.

Los taxistas hacen lo que les da la gana, un mismo viaje, te cuesta diferente, dependiendo de qué tan transa te toque el chafirete. Te pueden cobrar treinta pesos hasta cincuenta, por el mismo recorrido. Ampárame Dios si quieres protestar, ponen su cara de perro, ladrándote, si no le gusta vete en camión, wey, casi casi, te lanzan fuera de la carcacha.

Ojalá las autoridades de vialidad y tránsito, transporte y conexos, de verdad hicieran su trabajo y checaran todos los taxímetros, sin coludirse con los lideres sindicales.

El peor delito en Durango es ser un viejo, usar bastón o caminar como perdonando el viento, los taxistas no se detienen, te miran burlones y aceleran más, han de pensar que su jumentud será eterna y nunca van a enruquecer. Sobre todo si es domingo por la noche, no se paran a recogerte así fueras el mismo Jesucristo crucificado. 

Casi siempre, otro veterano de la vida, otro cabecita blanca, se apiada de ti, de tus reumas y polillas, te levanta. Lloras de agradecimiento, acomodándote tus vendas, ofreciéndole una de tus pastillitas de la diabetes o de la presión alta.

Es una bendición, viajar así en taxi, platicar con tu veterano chofer, hablar de los tiempos de niñez melancólica, en un Durango, sin celulares ni teve, además, tienes la ventaja de que estos rucaislos traen música del Camilo, del José José, puras viejitas pero bonitas.

Jamás consulta su celular mientras manejan, ni en los semáforos, cosa que no ocurre con los chofiretes jovenzuelos e imberbes, estos manejan a madres, checan su celular sin precauciones y si bien te va, traen corridos, pero si Dios te odia, reguetón a todo volumen.

Bienvenidos a Durango, tierra de cafres y sin educación vial. Todo mundo trae prisa. Sin cortesía, tratan de ganarle al otro, en un manejo cavernícola, tipo asesinos serial desenfrenado. A ver quién es más cabrón. Es un milagro que Durango no tenga tantos accidentes.

Bienvenidos a Durango, capital mundial de los baches, de los conductores suicidas. Aquí una viejita vale cinco puntos, un niño diez, y los adultos tres puntos. Salen a cazarlos por las calles y avenidas. Ciudad de conductores trogloditas y camionetas perronas que muerden que da pavor.

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