Sheinbaum y su escala en el Vaticano: lecciones y aciertos políticos

Política Mexicana Contemporánea

Internacional 20 de febrero de 2024 JORGE LUIS JUÁREZ MARTÍNEZ

francisco web

La visita de Claudia Sheinbaum al Papa Francisco en el Vaticano para este periodo de intercampañas causó revuelo entre los sectores más radicales de la izquierda así como del ala conservadora de la derecha. Los primeros apelaron al Estado laico y los segundos a que siguió los pasos de Xóchitl Gálvez. Periodistas de izquierda con gran impacto en redes sociales como Álvaro Delgado, del portal Sin Embargo y Sabina Berman de Canal 11, cuestionaron que la candidata de MORENA cayera, según ellos, “en el juego politiquero de visitar al Papa”.  A la par, porros mediáticos como Joaquín López Dóriga y Chumel Torres insistieron en que Claudia copiaba la estrategia de Xóchitl, la del lejano segundo lugar en las encuestas. 

 

Nada nuevo si tomamos en cuenta que su labor comunicativa se basa en ocurrencias, calumnias, chismes y frivolidades. Personajes que no entienden ni quieren entender el momento histórico que se está viviendo y que por ende no tiene caso explicarles el por qué de la visita de Claudia Sheinbaum y la lección aprendida en El Vaticano. 

 

No obstante, para el sector de la izquierda que se rasga las vestiduras es pertinente explicarle la razón del por qué es acertado que Claudia Sheinbaum haya visitado al Papa Francisco desde el ángulo que nos corresponde: el didáctico y pedagógico. Primero, porque es candidata de un movimiento social y popular, representado por las grandes mayorías desfavorecidas históricamente y al mismo tiempo, católicas. Si bien Sheinbaum es de origen judío, se ha pronunciado abiertamente no prácticamente aunque en el ámbito político, trasciende más su papel como científica de la UNAM que de la religión que profesa. 

 

La visita con el Papa Francisco es elemental electoralmente por el liderazgo moral del máximo dirigente mundial del catolicismo. Siendo México un país mayoritariamente católico es entendible su encuentro, tanto de Claudia incluso de Xóchitl Gálvez. Además, no es lo mismo visitar al Papa Juan Pablo II, cercano al Opus Dei y a la derecha internacional que, al Papa Francisco, cercano a los movimientos progresistas sudamericanos y a personajes como Rafael Correa, Lula Da Silva y Evo Morales.

 

Al mismo tiempo, el Papa Francisco sabe y reconoce el liderazgo popular de Andrés Manuel López Obrador y su papel dentro de la izquierda progresista latinoamericana. Por eso en las fotografías que promueven ambas candidatas con el Papa, el distanciamiento es evidente con Xóchitl y no con Claudia. Si hay alguien que ha denunciado como juegan mediáticamente los medios de comunicación en favor de los intereses creados, es precisamente el Papa Francisco y fue evidente su respaldo a la candidata progresista.

 

El trabajo periodístico de Álvaro Delgado y Sabina Berman es digno y sumamente respetable, aunque su cuestionamiento sobre la visita al Papa está más cerca del radicalismo de una izquierda sectaria y al mismo tiempo lejana de los movimientos populares. En la coyuntura de la elección presidencial la intención de la visita de Sheinbaum es afianzar el voto de una gran parte de los católicos en nuestro país. Y la apuesta es positiva porque tiene una visita cordial en el Vaticano mientras que, en las iglesias mexicanas, el clero local está decidido a atacar a Andrés Manuel López Obrador y al movimiento social que representa llamando a votar abiertamente por Acción Nacional por lo que la simpatía del Papa Francisco juega ahora en contra del clero mexicano.

 

¿Es válida la crítica de Delgado y Berman? Sí. Sólo tienen que comprender el momento histórico, social y político que se está viviendo. Y eso, me parece, que no lo dimensionan aún y tampoco tienen por qué hacerlo, dado que son académicos y periodistas de élite. La realidad social mexicana nos dice que 98 millones de habitantes en nuestro país son católicos. Insistir en radicalizarse si comprenderlo del todo es propio de un sector de la izquierda que se asume atea y moralmente superior por dejar atrás el medioevo del catolicismo pero que es incapaz de reconocer el papel de las mayorías y el esquema religioso al que pertenecen.

 

Tal vez sea válido su postura. Tal vez no. Lo que sí es evidente de dicha izquierda es la lejanía y la incapacidad de reconocer los mitos, ritos y procesos culturales de una gran parte de la sociedad católica mexicana que por supuesto, también es pueblo. Politizar y concientizar al respecto, siguen siendo las asignaturas pendientes de la 4T. Desconocer las prácticas religiosas y la herencia guadalupana como elemento religioso-cultural en general, sólo refleja el encierro de una izquierda en su burbuja moral más cerca del clasismo que del trabajo a fondo de formación política.

 

 

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