Milei y la ultraderecha al poder en Argentina: Las horas más obscuras…

Sociedad y Estado en América Latina Siglo XXI

Internacional 21 de noviembre de 2023 JORGE LUIS JUÁREZ MARTÍNEZ

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La derrota de Boca Juniors frente al Fluminense por la final de la Copa Libertadores de 2023 reflejó parte de la crisis social y cultural de una gran mayoría de la sociedad argentina: preocupados más por las elecciones dentro de un equipo de fútbol que realmente ocuparse del panorama político-electoral de las elecciones presidenciales. Un segmento amplio preocupado por renovar o no la dirigencia de Juan Roman Riquelme en el conjunto boquense en lugar de cuestionar a profundidad la candidatura de Javier Milei y lo que implica su llegada a la Casa Rosada.

Es decir, la narrativa de los medios de comunicación en la Argentina está tan arraigada entre la población con la fórmula de pan y circo que se traduce hoy en fútbol y más fútbol. Sino es el campeonato de liga, es la Copa Libertadores. Sino es el Mundial de fútbol, son las eliminatorias sudamericanas. De esto, el menos culpable es el fútbol como deporte. La cuestión son los directivos y políticos que encontraron en él un recurso distractor casi permanente. 

En los tiempos más obscuros con Jorge Videla y la dictadura de los 70´s, el mundial de 1978 trató de negar y ocultar los crímenes de su autoritarismo con el campeonato de la selección argentina salvo que la prensa extranjera evidenció la tragedia social interna entre las desapariciones forzadas y las protestas dignas de las Madres de Plaza de Mayo. Hoy, el expresidente Macri se apoya en aliados similares como los medios de comunicación para controlar la narrativa a pesar de su desastrosa gestión como presidente. 

Es verdad que pensar que su equipo podría regresar a la presidencia era casi imposible, pero tenían que intentarlo. Como quiera que sea, tampoco fue complicado negociar con el autodenominado “antisistema” Milei, que terminó más como “antikirchnerista” que como “candidato outsider”, lo que tampoco fue sorpresa. La jugada mediática funcionó para Macri porque no le alcanzó el tiempo al oficialismo en desenmascarar a Milei previo a las jornadas electorales a pesar de sus desfiguros, de su discurso de odio y de su intolerancia. 

Para cuando el oficialismo despertó, las elecciones de primera vuelta estaban ahí. A Massa y a “Unión por la patria” apenas les alcanzó para contener a Milei por una diferencia de 6 puntos porcentuales. Para Macri y “Juntos por el cambio” tampoco fue precisamente una derrota sino una fase de reestructuración. El panorama de la primera vuelta le dio a Macri el margen para negociar escaños y cotos de poder para la segunda vuelta. Las alianzas entre segundo y tercero terminaron por derribar la contención de Massa y perder definitivamente por 9 puntos porcentuales en los comicios de la segunda vuelta.

Parte del fracaso gubernamental de Alberto Fernández y de los Kirchneristas fue la incapacidad para comunicar socialmente la realidad política del país y denunciar los sabotajes de las élites internas, la herencia de la deuda impagable de Macri y desnudar a los intereses creados. 

Mientras en el caso mexicano, Andrés Manuel López Obrador se aferró y consolidó sus conferencias matutinas, Fernández sólo reconoció el efecto positivo que las mañaneras tenían sin llevar a la práctica ningún recurso mediático desde el poder político. Lo peor es que sus adversarios aprovecharon hasta el último segundo en los medios de comunicación tergiversando, calumniando y mintiendo sin tener resistencia alguna. 

A eso habría que sumar los pleitos continuos con la expresidenta Cristina Fernández, los escándalos internos de sus ministros, el costo político del covid y la pandemia aunada al presunto vacunagate, sumado al incremento inflacionario del 150% y elevar al 40 % el número de pobres sin querer asumir las consecuencias políticas de incrementar impuestos al empresariado y a los grupos de poder enquistados desde tiempos de la dictadura lo que terminaría cobrándole factura.

Al mismo tiempo, Alberto Fernández no supo capitalizar el empuje de un movimiento social como el feminismo que terminó estigmatizado como cancelador y punitivo, lo que aprovechó Milei para decir que cerraría de forma definitiva el “Ministerio de las Mujeres” sin padecer consecuencias electorales y que incluso, quedaría como el candidato presidencial más votado de la historia de su país.

Se aproximan las horas más obscuras para la Argentina. Su gran socio y amigo, Macri, ya salió a decir que no habrá persecuciones a la prensa y que tampoco desaparecerán los programas asistenciales, como buen abogado del diablo. El domador del león en la figura del expresidente tampoco sorprende porque cuatro años de gobierno de Milei implicarán un regreso inminente del ala centro derechista por medio del grupo macrista.

El kirchnerismo que no quiso apostar por una transformación de fondo, ahora tendrá que reinventarse provincia por provincia porque los que volvieron en 2019 no fueron muy diferentes a la casta política macrista. Habrá tiempo de reagruparse, pero no de lamentarse. A estas alturas, Macri ya tiene el relevo para Milei al final de su periodo mientras que la izquierda aún no digiere la derrota de ayer por la noche. Parece que tienen una ventaja de cuatro años. Les toca a los colectivos, a los movimientos sociales y a la izquierda en general generar nuevamente una propuesta de esperanza. A todos ellos les decimos que NO están solos. 

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