La Cuarta Transformación no es veneración

Se es revolucionario por convicción, no por indicación

Nacional 05 de junio de 2023 PATRICIA BARBA ÁVILA

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Sin la menor duda tenemos el privilegio de atestiguar el ejercicio de gobierno de uno de los mandatarios más admirados y extraordinarios de nuestra historia: Andrés Manuel López Obrador gracias a un despertar popular ante la abrumadora corrupción que llegó a límites inimaginables en los sexenios de Calderón y Peña Nieto.  Y fue justamente contra todos los vicios, componendas y simulación que una inusitada mayoría de ciudadanos nos manifestamos aquél inolvidable 1 de julio de 2018.

 

La trayectoria de AMLO muestra su larga búsqueda por la justicia a través de un liderazgo indiscutible e inconfundible por su gran cercanía con la gente, en especial los sectores más desprotegidos y empobrecidos. Estos esfuerzos incluyeron la formación del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) en 2012 tras su renuncia al PRD que tristemente fue deteriorándose hasta transformarse en una comparsa del PRIAN casi ya a punto de extinción. Como sabemos, en 2015 el INE le otorga el registro para contender en elecciones y es aquí donde, en mi opinión, este gran movimiento empezó su transformación a partido electoral.

 

Si bien es cierto que la coalición integrada por Morena, PT, PES abanderó al triunfante candidato Andrés Manuel López Obrador, también es verdad que un monumental descontento social que llegó a niveles insospechados y que se amalgamó gracias al creciente uso de las “benditas redes sociales” fue un factor decisorio en la victoria del hoy presidente que ni el fraude pudo evitar. Y es aquí donde es imperativo analizar lo que ha venido ocurriendo al interior de un partido que enarbola, aunque su cúpula no lo ponga en práctica, el lema: “no robar, no mentir y no traicionar al pueblo”. Porque es indiscutible para miles de militantes morenistas de base, que las decisiones dictatoriales impuestas a raja tabla por Mario Delgado Carrillo, han significado justamente mentir, robar y traicionar tanto a la militancia como al pueblo. Y esto se hizo evidente con gran crudeza en lo acontecido el 11 de diciembre de 2022 cuando Delgado se saca de la manga una encuesta que revelaba algo completamente opuesto a la realidad: una preferencia del pueblo coahuilense hacia Armando Guadiana, mandando hasta un tercer lugar al que todos consideraban el candidato natural de la Coalición Morena-PT-Verde, Ricardo Mejía Berdeja.

 

La andanada de descalificaciones, insultos y rasgados de vestiduras de aquellos que piensan que la Cuarta Transformación significa veneración ciega a los dictados de un cacique que igual que los bribones patriarcas religiosos que aseguran que “dios” les revela sus designios, ha llegado a afirmar que criticar sus decisiones autoritarias y “criticar al partido y su dirigencia” es traicionar a la 4T. Vaya despropósito que no se sostiene porque ha sido justamente un rebelde con causa, Andrés Manuel López Obrador, el que nos ha mostrado que cuando se tiene una convicción firme que es amor a la Patria, las ambiciones de un neoliberal envuelto en la bandera morenista no caben en el proceso de consolidación de la 4T.

 

No obstante lo anterior, hemos visto la manera lamentable como se han venido comportando aquellos que claman promover la Cuarta Transformación pero que al mismo tiempo, nos exigen so pena de ser declarados sumariamente como “traidores”, que realicemos un acto de traición a los principios de la 4T y de nuestra conciencia, el tribunal del que nadie puede escapar.  Hemos atestiguado la andanada rabiosa lanzada contra militantes morenistas y contra lopezobradoristas que siendo fieles a los valores en los que se sustentó la formación de Morena y que son casi diariamente proclamados por su fundador AMLO, decidieron emularlo y asumirse como rebeldes con una causa tan noble y legítima contenida en el Artículo 39 de nuestra Constitución: “el poder y la soberanía dimanan del pueblo; todo poder se instituye para su beneficio y el pueblo tendrá en todo momento el inalienable derecho de cambiar la forma de su gobierno”.  Y es esto, justamente, lo que una gran mayoría de militantes, simpatizantes del lopezobradorismo y pueblo sin partido están haciendo en Coahuila, sentando un luminoso precedente de dignidad y poder popular.

 

Y es aquí donde traigo a colación la inesperada y sorpresiva descalificación de Ricardo Mejía Berdeja que nuestro querido primer mandatario emitió el pasado jueves 25 del presente ante una pregunta insidiosa de una seudo-periodista que mintió afirmando que el candidato elegido por una creciente mayoría de ciudadanos coahuilenses, otrora Subsecretario de Seguridad Pública, utilizaba el nombre y la imagen del presidente para promover su campaña, algo que inmediatamente fue desmentido por el propio Mejía Berdeja y que muchos podemos constatar si revisamos los numerosos actos de campaña que ha llevado a cabo. En este punto es donde juzgo necesario diferenciar la transformación que se busca en la forma de ejercer la política, de la veneración ciega que se exige no sólo a militantes y simpatizantes sino al pueblo en general. Esto es fundamental ya que no se puede pretender fortalecer un cambio sustancial en la mentalidad y actuación de pueblo y gobierno, si por otro lado y de manera incongruente y absurda, se espera que repliquemos y aplaudamos vicios contra los que deberíamos luchar diaria y permanentemente.

 

Todos aquellos que creen que mostrar una aceptación dogmática de absolutamente todo lo que dicen líderes y servidores públicos, incluyendo a alguien tan querido y respetado como AMLO, es un dogma de fe,  confunden lealtad con fanatismo, algo que lejos de representar respeto hacia nuestro gran Presidente, muestra que no se ha entendido algo fundamental: que pensar que Andrés Manuel López Obrador espera de nosotros veneración ciega, es asumir que nuestro extraordinario líder es un autócrata enamorado de sí mismo y de sus decisiones. Y eso sí que es una grave falta de respeto hacia él y le da la razón a una oposición espeluznantemente mediocre y carente de principios que lo acusa de “dictador”.

 

Quiero traer a colación un ejemplo que ilustra mi punto y que tiene que ver con lo ocurrido hoy en la mañanera donde la Secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, mencionó el horrendo crimen de crueldad espeluznante cometido contra un perrito. También se expresó nuestro Presidente exhortando a tratar con amor a nuestros próximos y a los animales. La Secretaria citó el Art. 235 de la ley sobre maltrato animal del EdoMex que se pretende convertir en ley federal. Aquí es importantísimo señalar que el candidato que tristemente impuso Mario Delgado a morenistas y lopezobradoristas coahuilenses, Armando Guadiana, es un promotor del deleznable maltrato animal que representan las horrendas corridas de toros, simplemente porque él hace negocio con la tortura de toros de lidia que él posee. ¿En dónde está el humanismo y, sobre todo, la congruencia de los aplaudidores de Delgado y Guadiana con los valores que promueven tanto AMLO como sus colaboradores?

 

Esta no es una defensa de líderes ni de partidos; es una defensa de principios y de un proyecto que no se puede detener y que tiene su fundamento indiscutible en el poder de un pueblo consciente que tiene claro el concepto de la verdadera lealtad hacia los principios que son inamovibles y no adolecen de debilidades o fallas.

 

Finalmente y sin el menor asomo de duda, tenemos la fortuna de compartir este presente inédito con un estadista que reúne cualidades raramente encontradas juntas en un servidor público: honestidad indiscutible, amor por el pueblo, enorme capacidad intelectual y un claro humanismo. No obstante, aunque su grandeza está a la vista de todos, jamás hay que olvidar que se trata de un ser humano que comete errores y que si realmente queremos mostrarle respeto al considerarlo un humanista, lo que no podemos hacer es comportarnos como sus súbditos, como sus fans, porque, ciertamente, el lopezobradorismo es una valiosa corriente política pero no es una religión ni su líder es una deidad. Una vez que esto penetre en la conciencia de mucha gente que de buena fe se niega a aceptar que nuestro querido AMLO también tiene derecho a equivocarse y que eso no implica retirarle nuestro apoyo y lealtad, estaremos promoviendo en los hechos, la verdadera Cuarta Transformación.

 

 

 

“Tan hermosa conquista ha costado al pueblo mexicano un terrible sacrificio, y es un deber, un deber imperioso para todos, procurar que ese sacrificio no sea estéril" Emiliano Zapata

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