¿México vive en dictadura?

Con AMLO, la oposición ha gozado como nunca de libertades. No hay peor ciego que el que no quiere ver

Nacional 27 de febrero de 2024 JOSÉ LUIS SALDAÑA LAGUNAS

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Desde que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) asumió la presidencia de México en 2018, la oposición ha salido a manifestarse en diferentes ocasiones y por diferentes causas (según ellos).

 

Estas manifestaciones iniciaron con muy poca convocatoria, sin embargo, con el paso de los años estas marchas y manifestaciones se fueron robusteciendo, ya fuera por el descontento de ciertos sectores con el actual gobierno, o tal vez porque las clases altas se dieron cuenta que su malestar expresado en redes sociales no era suficiente y tenían que salir a la calle a demostrar el músculo.

 

Lo interesante es que varios ciudadanos han podido ejercer su derecho a manifestarse y expresarse en la vía pública en contra del gobierno, el cual ellos consideran que no representa sus intereses.

 

Lo anterior ha sido posible gracias a que el gobierno no ha reprimido en ningún momento a los manifestantes, quienes han gozado de todas sus libertades y derechos garantizados por nuestra Carta Magna, pero primordialmente a que AMLO no ha utilizado a las fuerzas del orden para reprimir a quienes se manifiestan en su contra.

 

Por ello resulta curioso, por decir lo menos, que varios de los manifestantes expresen en sus consignas “vivir en una dictadura” y “luchar por la democracia”.

 

En los dichos populares existe uno que a la letra dice, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, en la actualidad y a nivel académico lo podemos llamar “sesgo cognitivo de confirmación”. El sesgo cognitivo de confirmación se refiere grosso modo a que las personas buscan información que respalde sus creencias o puntos de vista existentes, lo que deja de lado toda evidencia que demuestre lo contrario a ellas.

 

Tomando como base lo anterior, podemos asegurar que estos sesgos se presentan tanto del lado opositor como del lado oficialista, sin embargo, el simple hecho de que los opositores al Presidente se puedan reunir, marchar y manifestarse públicamente tiran por la borda sus reclamos de vivir en una dictadura y que el gobierno trata de eliminar la democracia.

 

Estos sesgos de ambas partes imposibilitan el debate de ideas, pero, y siempre habrá un pero, muchas de las razones e ideas que exponen los simpatizantes de la oposición carecen de sustento y hacen agua a la primera confrontación de hechos.

 

En redes sociales virtuales, podemos ver varios videos en los que diversas personalidades de la información entrevistaron a los participantes de la “marcha por la democracia” del pasado 18 de febrero del presente año, en ellos se pueden escuchar que la manifestación es en favor de la democracia y no es para respaldar a ningún candidato o candidata a la presidencia, sin embargo, a la menor provocación atacan al presidente y a la candidata Claudia Sheinbaum.

 

En un ejercicio idílico y utópico, lo mejor sería que toda la sociedad se quitara las máscaras y pudiera existir un verdadero debate de ideas, sin embargo, tanto la mentira, los sesgos y el deber ser lo impiden.

 

Parafraseando a Jonathan Evans, estudioso del pensamiento, “a la mente reflexiva y la intuitiva, no se les puede atribuir la conciencia o la inconciencia todo el tiempo”, es decir que cuando se les pregunta sobre el porqué de sus decisiones políticas, las respuestas no siempre se pueden atribuir a un ejercicio de honestidad intelectual, sino que muchas veces se actúa de manera emocional o como lo llama Evans por “Sentimientos Cognitivos”.

 

Como ejemplo de lo anterior, podemos poner el lapsus de sinceridad del informador Raymundo Riva Palacio, quien aseguró que “La verdad ya es irrelevante”, respecto al capítulo de la salida de Azucena Uresti de Milenio Televisión para pasar a Radio Fórmula (ella dirigió un mensaje a su público en el que utilizó la frase “dadas las circunstancias”), en la que sin asegurarlo de facto, intentó culpar de manera velada al presidente López Obrador de su salida de la televisora, a tal grado que la propia empresa Milenio Diario tuvo que sacar un comunicado en el que aseguraron que la salida de la comunicadora (según palabras de la propia Uresti) se debían a una mejor oportunidad laboral con la empresa Grupo Fórmula.

 

Ese hecho trató de imponerse en el imaginario colectivo de la sociedad mexicana para hacer parecer que AMLO es un autoritario similar a los anteriores presidentes de México y que había ordenado la salida de una periodista del aire, tal y como lo hicieron Enrique Peña Nieto con Pedro Ferriz de Con y Carmen Aristegui, Felipe Calderón con Carmen Aristegui y Vicente Fox con José Gutiérrez Vivó, pero nada más alejado de la realidad, pues la salida de Azucena Uresti no tuvo nada que ver con AMLO.

 

Es imposible exigir sinceridad intelectual a todos los actores de la sociedad, en especial cuando hablamos de política, pero como sociedad, sí debemos aspirar a vivir en una sociedad en la que el debate de las ideas sea sincero y sin sesgos.

 

Fuera máscaras de la palestra política mexicana, eso incluye a los políticos profesionales y a los integrantes de la sociedad civil (la real, no la secuestrada por grupos de intereses económicos), por ello es relevante la formación política de los individuos.

Y mientras la Ciudad de México sigue en contingencia ambiental y el agua comienza a escasear en grandes partes del país, nos leemos la próxima semana, en la que lo más seguro es que haya de chile, de mole y de manteca.

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