2023: El año de Francisco Villa y la reivindicación de las luchas populares

Nacional 24 de julio de 2023 Jorge Juárez

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A finales del año pasado, se aprobó en la Cámara de Diputados con 422 votos a favor, 3 en contra y 49 abstenciones, el proyecto de decreto que declaró al “2023, Año de Francisco Villa, el revolucionario del pueblo” y después remitirse al Senado de la República para sus efectos constitucionales. El homenaje a un héroe revolucionario como Pancho Villa en el centenario de su asesinato sólo podía ser posible a través de la Cuarta Transformación y de un gobierno que reconoce la historia de los de abajo y reivindica los liderazgos populares.

Villa vive, la lucha sigue, es una consigna vigente en las clases populares porque vive y padece todos los días el agravio. Ese agravio que se tradujo en abandono, despojo y traición por parte de los gerentes de la Revolución que no le hicieron justica a los campesinos, los obreros y a los pueblos originarios. Y que más tarde, el poder presidencial de mediados del siglo XX y principios del XXI terminaría por sepultarlos casi en el olvido. 

Aun así, la sobrevivencia caminó de lado de la esperanza. Y eso sólo fue posible en la memoria colectiva por el genuino vínculo entre el líder moral y su pueblo. Cuando los generales respaldaron a Francisco Villa como gobernador de Chihuahua, éste apostó por sacudir el entramado local expropiando las propiedades de los gobernadores porfiristas Terrazas y Creel a través del “Decreto de confiscación de bienes de los enemigos de la revolución”, poniendo sobre la mesa que tenía una visión propia de lo que implicaba administrar el poder y comenzar a hacer realidad el mandato de justicia social. Nada es tan urgente como lo más sencillo, cumplir con lo indispensable: educación y comida para su pueblo.

Si bien parte de los recursos incautados por la guerra iban dirigidos para la milicia, Villa tenía claro que el motor de cambio real comenzaba en la educación y sus docentes. Ya con Emiliano Zapata en la Ciudad de México, apostaron juntos por una transformación en la cuestión agraria, económica y política que se vería reflejada en la Convención. Es decir, el Centauro del Norte visualizaba un proyecto de nación reparando los agravios de los de abajo no sólo en papel, sino habiéndolo demostrado en la práctica como gobernador al hacerle frente a los intereses creados sin titubeos. 

Sin embargo, ahí radica el discurso de odio en su contra. Se le acusa de “roba-vacas” sin tomar en cuenta a los numerosos generales carrancistas, obregonistas y callistas que se enriquecieron bajo el nombre de la revolución. Lo acusan de “matón” los que no comprenden o fingen no entender el contexto de conflicto armado que se vivía. El odio real emerge a partir de reparar el agravio y llevar la justicia social a las clases populares. Es decir, el rencor y la rabia contra Francisco Villa esconde un profundo clasismo y desprecio por la gente de a pie. 

Empresarios, políticos conservadores y aficionados de la historia falsifican y tergiversan los procesos históricos y a sus protagonistas porque no les importa historiar sino justificar su propia narrativa apoyada en rumores, mitos y chismes sin la rigurosidad de una metodología de investigación. Mercenarios mediáticos que subsidiados por gobiernos anteriores aún tienen lugares en los medios tradicionales de comunicación, pero de manera contradictoria se acobardan en el debate público con argumentos y fuentes de consulta. 

Personajes como Francisco Martín Moreno, Juan Miguel Zunzunegui, Héctor Aguilar Camín y Macario Schettino son los principales odiadores de Francisco Villa y curiosamente, también son odiadores de Andrés Manuel López Obrador. Tergiversan y desconocen las obras de John Red, Friedrich Katz y John W, Dulles, los autores primordiales de los estudios históricos de la Revolución Mexicana y del villismo como facción militar y movimiento popular. Eso sin contar a Paco Ignacio Taibo II, Pedro Salmerón, Jesús Vargas e Ilán Semo, a quienes atacan de oficialistas, como si estos últimos fueran novatos en el ejercicio de la Historia.

Es importante recalcar que el resentimiento contra Francisco Villa está fundado en el desprecio por las luchas populares y por supuesto en los olvidados de la Revolución porque el poder económico siempre verá su figura e ideología como una amenaza para sus intereses. A cien años de su muerte, AMLO honra ese liderazgo moral en el ejercicio íntegro del poder público de la mano de otra consigna popular: Por el bien de todos, primero los pobres.

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