El nuevo Auschwitz es Palestina

¿Acaso no hay un Dios para los palestinos?

Internacional 21 de mayo de 2024 JESÚS MARÍN

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¿Ves esa enorme chimenea? ¿Ves ese humo negro que sale a borbotones, humo espeso con residuos humanos? Un hollín grasoso y negro.

¿Percibes el olor a carne humana, a carne quemada? Son los miles de cuerpos de los judíos incinerados en los campos de concentración nazis. Son el recuerdo de la barbarie humana. Son los niños, niñas, mujeres, ancianos y hombres, exterminados en las cámaras de gases y cremados en los hornos.

En Palestina no hay chimeneas, pero sí miles de cuerpos de seres humanos despedazados. Miles de palestinos asesinados. Hay humo de ciudades y pueblos bombardeados. No hay cámaras de gases. Hay horror y destrucción. Hay niños y niñas que jamás pronunciarán la palabra madre, padre. Y miles de padres y madres que se han quedado sin el corazón, sin el abrazo de sus hijos. No hay hornos crematorios, son quemados y cremados, al tiempo en que estallan los misiles judíos y gringos en las indefensas poblaciones de Palestina.

Qué pueden hacer los hombres desalmados ante el poderío de metralla, ante le estallar de granadas. Cerrar los ojos y rezar. Cerrar los ojos y esperar la muerte. 

Un puñado de fanáticos alemanes, asesinos enfundados en lustrosos y elegantes uniformes, con una swástica en el hombro y el corazón ensangrentado de odio y racismo.

Hoy usan uniformes de combate y asesinan con misiles en sofisticados y caros aviones de caza de la última tecnológica, son igual de fascistas, pero ahora no son alemanes, son judíos.

Fascistas con una ideología de supremacía racial, provocaron el holocausto de Europa y de un pueblo en específico, el pueblo de Israel. Ahora el pueblo se llama Palestina.

Holocausto en la Alemania nazi fue un genocidio real. Ejecutado por uno de los pueblos más cultos de la humanidad. El pueblo de Goethe, Mozart y Beethoven. Un genocidio liderado por su Führer que les prometió un Reich de mil años.

Ahora Israel es uno de los pueblos más ricos del planeta. Pueblo de Einstein, de Carlos Marx, de hombres muy inteligentes. Se autonombran el pueblo elegido por Dios, quizá por ello piensan que tienen el derecho del exterminar a sus hermanos árabes.

Un Holocausto ante el silencio y complicidad del pueblo alemán, que después de enseñarles el horror declaraban “yo no vi nada”. “Yo solamente obedecía órdenes”.

Ahora el silencio y la complicidad es del resto de las naciones del mundo y ellos si ven todo y saben toda. Y callan. Y prefieren cerrar los ojos y el corazón.

Veo una serie “El tatuador de Auschwitz (The Tattooist of Auschwitz) basada en las memorias de un sobreviviente de uno de los mayores campos de exterminio de la Alemania nazi. Sobrevivió tatuando a los presos que llegaban al campo. Se muestra el salvajismo y la crueldad de los guardias del campo de concentración.

No hay serie de los muertos y lisiados, de los cadáveres del pueblo palestino. No hay una serie de Netflix sobre la matanza de la franja de Gaza. Esa parte de la humanidad no es agradable a ojos de las potencias económicas de América y Europa. No deja dinero. Ni cotiza en la bolsa.

Aparecen en la serie de Auschwitz acercamiento de las víctimas, mujeres y hombres. En estos campos las mujeres embarazadas eran exterminadas al llegar. Es estremecedor ser testigo de ese campo y sus aberraciones en 1942. La historia es contada por ese tatuador, en 2004 desde una ciudad de Australia, ya anciano.

No veo documentales ni rostros de las mujeres palestinas. No veo los cadáveres de los niños y ancianos asesinados por el ejército de Israel, financiado por los dólares del pueblo norteamericano. No habrá ancianos palestinos que cuenten sus historias. Ya todos están muertos. Serán asesinados.

A la entrada de Auschwitz/Birkenau, Polonia, había un letrero que recibía a los miles de judíos, enemigos políticos, gitanos y minorías de razas inferiores, para exterminados, subhumanos según la supremacía aria de los nazis.

El letrero decía: “Arbeit macht frei” traducido como “el trabajo te libera”. El lema fue emplazado sobre los accesos a numerosos campos de concentración y exterminio establecidos por el régimen nazi.

Aquí en Gaza, no hay letreros. Solo es una enorme fosa común. Es un enorme campo de concentración patrocinado por las naciones unidas, por los Estados Unidos, cuyos celadores y ejecutores son los judíos.

En vez de cámaras y crematorios, los están matando con misiles y metralla, con hambre y terror. No hay esperanza ni piedad. La orden es acabar con este pueblo. No hay comida. No hay agua. No hay Dios. Se les olvida que Jesús nació en Palestina.

Los principales campos de exterminio, donde los jerarcas nazis ejecutaban la llamada “solución final”, es decir exterminar la cultura y al pueblo judío de toda Europa y del mundo, fueron: Arbeitsdorf, Alemania; Auschwitz/Birkenau, Polonia; Belzec, Polonia; Bergen-Belsen, Alemania; Buchenwald, Alemania; Chelmno, Polonia; Dora-Mittelbau, Alemania.

Ahora el principal campo de exterminio es medio oriente, es una franja desértica llamada Gaza. Son sus pequeñas ciudades. Sus antiquísimos pueblos. Han estado desde que el mundo es mundo. De generación en generación. Son hombres y mujeres de Palestina que habitaron por miles de años y hoy está siendo barridos por un trozo de esa tierra, por sus vecinos y hermanos, los judíos. En nombre de su Tora y su Jehová, los aniquilan. No es una guerra santa. Es una masacre sin justificación ni humanidad.

El holocausto judío ha sido documentado con miles de libros, documentales, películas, testimonios de los sobrevivientes. Ahí están los campos de concentración, con sus crematorios, con sus cámaras de gas, las vías de los trenes de carga, donde los judíos llegaban en vagones como reses al matadero. Las lágrimas del mundo desde hace ochenta y cuatro años lloran por esos judíos. Rezan por esas víctimas del holocausto.

El holocausto palestino es un silencio hipócrita y malvado. Nadie quiere hablar de ellos. Hablan del armamento usado para acabarlos. Hablan de los modernos cazas supersónicos, pero no hay libros ni documentales sobre este pueblo palestino que dentro de muy poco tiempo dejará de ser pueblo para convertirse en recuerdo y en tumba. En fantasma y dolor. No son gente, son estadísticas. Y muy pronto serán olvido de muerte. Nadie llora por los palestinos. Nadie reza por los palestinos.

Los judíos que masacraron en los campos de concentración fueron despojados de su dignidad, de sus ropas, joyas. Seleccionaban a los hombres y mujeres aptos para el trabajo. Los demás, mujeres, niños y ancianos, se les desnudaban y con el pretexto de darse un baño comunal eran asesinados con gas. Luego enterrados en fosas comunes, cuando ya no fue posible por el número de cadáveres, fueron cremados en los hornos.

Hoy los palestinos son despojados de todo, principalmente de esperanza. Principalmente de la tierra de sus abuelos. Principalmente de la tierra de Dios, de su Dios. De su religión. De sus vidas y futuros. Esos niños palestinos jamás serán hombres. Esas niñas jamás tendrán hijos de su sangre y vientre. Esos viejos no verán a sus nietos ni abrazarán a sus descendientes. Los judíos y los gringos los están ejecutando. Muy pronto ya no habrá pueblo ni cultura palestina.

Y las enormes chimeneas en Auschwitz trabajaban día y noche, soltando un humo espeso, pegajoso, grasoso y un olor a muerte que se esparcía por el campo, por los bosques en derredor. Por los pueblos cercanos.

Hoy no hay chimeneas en Gaza, pero sí el humo de ciudades y pueblos destruidos por misiles gringos. Sí hay el olor de cadáveres de seres humanos sepultados por los inclementes bombardeos de las poderosas naciones de occidente. Sí hay familias rotas, familias desaparecidas. Niños que jamás volverán a ser niños. Les han matado la inocencia. Les han matado el futuro. Les han matado la sonrisa y el corazón.

Se estima que seis millones de personas fueron exterminadas por los nazis, la mayoría del pueblo judío.

Aún no se sabe el número exacto de muertos en Palestina. En este nuevo holocausto palestino. En este genocidio orquestado por los judíos. En esta masacre financiada por los Estados Unidos.

El holocausto judío ha horrorizado al mundo desde hace ya ochenta años. Desde su fundación del primer campo en 1939 hasta 1945, cuando fue liberado por los aliados el último de ellos.

El holocausto a Palestina a nadie horroriza, lo ven como algo normal, como el derecho del pueblo de Israel a exterminar a quien le estorbe. En Palestina no habrá ejércitos aliados que los liberen de las masacres. Ningunos aliados de occidente, gringos, franceses, ingleses y rusos, vendrán en auxilio de los habitantes de esa franja.

Hoy el mundo es testigo, con toda su tecnología de comunicaciones y de guerra, del segundo holocausto, pero esta vez los judíos son los palestinos. Y los nazis se llaman Israel.

Los palestinos son los exterminados. Y de formas más crueles y sofisticadas. Asesinados de hambre y enfermedades, por las bombas de sus cazas, sus tanques, sus misiles dirigidos por satélites, ante la ceguera e indiferencia de las naciones civilizadas. El mundo ante este artero asesinato palestino carece de piedad y memoria. Carece de Dios para los palestinos.

Los judíos se han convertido en los modernos nazis, siguen las mismas técnicas de exterminio de los fascistas nazis.

Los palestinos son las víctimas de los nuevos nazis judíos. A quienes se les ha olvidado su historia y su holocausto. Y ahora son los verdugos, ahora los judíos son los asesinos de los palestinos, ante el silencio cobarde del mundo y sus naciones.

Son los nazis modernos, el gobierno de Israel y el poder económico de Estados Unidos. Pero esta vez no son cuestiones raciales, es por el dinero de la guerra, el dinero del armamento y las armas. Son los nazis las poderosas naciones de Europa accidental. Son nazis la ONU.

El holocausto del pueblo palestino, por un pedazo de tierra, por la franja de Gaza, no respeta edades. Hombres, mujeres, ancianos, niños y niñas, están siendo exterminados con continuos bombardeos de alta tecnología. Los están matando de hambre y terror a los palestinos. 

Gobierno y ejército de Israel son los nazis de Nuevo Oriente. Les bloquean la ayuda humanitaria. Les bloquean las medicinas y a los médicos que acuden ayudar. Vetan a los muertos y a las imágenes de los cuerpos descuartizados por las bombas.

No se sabe el número exacto de los palestinos exterminados, cada vez se reducen más y más el territorio donde viven los palestinos. Ciegan al mundo con sus mentiras los asesinos occidentales. Y el mundo, la ONU, prefieren voltear hacia otro lado. Prefieren contar sus dólares y oro.

Nos hemos conmovidos por años con testimonios y series, con películas y libros, sobre el sufrimiento del pueblo judío, sobre sus asesinatos, sus torturas. 

Nadie se ha conmovido ni llorado por los palestinos. Ninguna plataforma ha filmado una serie sobre el exterminio sistemático de este pueblo. Aquí en palestina no habrán sobrevivientes que narren heroicamente su sobrevivencia. Los palestinos no tendrán árboles que los conmemoren en Israel. El Dios de los judíos es un Dios cruel y vengativo. Un Dios asesino y sin piedad.

En la Lista de Schindler del director judío Steven Spielberg lloramos por ese puñado de judíos salvados por un alemán. Nos hemos conmovido por el diario de Ana Frank, traducido a todas las lenguas del mundo. Y la infinidad de testimonios sobre el genocidio y holocausto judío en el mundo.

¿Filmarán los grandes cineastas gringos y judíos sobre la lista de exterminio de Palestina? ¿Habrá una escena de una niña palestina de rojo corriendo entre los escombros de su pueblo? ¿Habrá un diario de una Ana Frank palestina? ¿El mundo encenderá veladoras por los caídos en Palestina ante las bombas judías?

Nadie se conmueve con el holocausto palestino. No hay reportajes ni documentales. No hay películas ni libros sobre este pueblo de medio oriente que está siendo sistemáticamente exterminado por el poderío bélico de Israel financiado por el imperio gringo.

Tal parece que los judíos sí son seres humanos, dignos de ayuda y piedad. Y los palestinos no son seres humanos, son carne de cañón. Son exterminados sin que nadie diga ni se oponga.

Hoy nadie dice nada. Hoy el gran mundo civilizado, comunicado con satélites, con internet, calla ante el holocausto palestino. Ante la matanza de estos seres humanos de la franja de Gaza.

Los grandes noticiarios del mundo, gringos, europeos, chinos, rusos, no les interesa. Los palestinos son seres humanos desechables por ser árabes. Por ser pobres, por ser indefensos. Por no ser judíos.

No presentan en la televisión americana los rostros y los muertos de los palestinos. Los mutilados y los huérfanos. Las madres inconsolables. No hay imágenes de niños hechos pedazos por el bombardeo de los cazas israelitas financiados por el imperio de Estados Unidos.

Todo el poder de los norteamericanos a través del ejército de Israel, provocan el nuevo holocausto de la humanidad.

Esta vez, las otrora víctimas de los nazis son los verdugos. Esta vez los judíos, un puñado de judíos, son los nuevos nazis de los palestinos. 

Y el mundo, la mayoría de las naciones prefieren hablar de inversiones bélicas y no de los miles de muertos del pueblo palestino, de sus mujeres, niños y ancianos, asesinados.

No bastan las protestas, las canciones y los poemas, las marchas de estudiantes en las universidades gringas, mientras no se dé a conocer la verdad del genocidio. Mientras no alcemos la voz todos los palestinos del mundo. Aquí todos somos Palestina.

¿Acaso no hay un Dios para los palestinos?

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