La hipocresía de religiosos que han declarado una guerra abierta contra AMLO y Claudia Sheinbaum

El Obispo andaba amando unos a los otros

Nacional 14 de mayo de 2024 JESÚS MARÍN

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Gandhi dijo una vez: me gusta Cristo, pero no lo cristianos. Ninguno se parece a él.

 

La poderosa y pedofílica iglesia católica apostólica mexicana ha declarado una guerra abierta desde el púlpito, desde sus cofradías, en sus misas y en sus oraciones, contra el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y contra la próxima presidenta de México, la doctora Claudia Sheinbaum, acusándolos de ser comunistas y querer destruir la fe de los mexicanos. De ser un narco gobierno y un narco candidato. A Claudia la han acusado de que cuando sea presidenta va a cerrar la Basílica de la Virgen de Guadalupe.

La iglesia pedofílica católica mexicana, una iglesia de ultraderecha, dueña de fortunas y propiedades, acusa al gobierno actual de López Obrador, de pregonar como su Cristo que dicen representar en la tierra, para el redentor y para este gobierno, primero son los pobres. Los pobres heredarán la Tierra

En un drama amoroso, del amor que no se atreve a decir su nombre, al mejor estilo Oscar, inicia cuando el Episcopado Mexicano reporta la desaparición del obispo Salvador Rangel Mendoza, un hombre de 77 años con corazón de Romeo. Y de amores prohibidos por su propia fe.

El Episcopado Mexicano reporta que Salvador Rangel Mendoza desapareció desde el 27 de abril. Solicita a las autoridades de los tres niveles de gobierno su pronta y decidida intervención para localizarlo: “Hacemos un llamado al Gobierno Federal, a los gobiernos de los estados de Morelos y Guerrero, y a las autoridades municipales correspondientes para que, en el ámbito de sus respectivas competencias, actúen con el fin de traer de regreso a casa, sano y salvo a nuestro hermano obispo”.

Dos días extraviado y “perdido” en el himeneo y el huateque, uno de sus obispos, de sus avariciosos y soberbios príncipes, que viven en la opulencia y la mezquindad, muy lejos de los sacramentos de Jesús Cristo. 

De inmediato el CEM culpa a “ya saben quién” porque hasta eso son cobardes. Y el PRIAN se les une, demandando encontrarlo, denunciando que es por la inseguridad de este gobierno.

Dos días después, el Obispo Salvador Rangel Mendoza aparece en un hospital de Cuernavaca, donde el fiscal de Hidalgo informa que el Obispo esta delicado de salud, por sobredosis de drogas y se le encontró varias pastillitas azules de las llamadas viagra y con ansias de novillo en el ruedo

¿Cómo para qué un hombre casto y virgen, dedicado a Dios, que juró castidad de por vida, toma ese diabólico medicamento? La culpa la tiene ya saben quién.

Y para acallar a estos buitres de la iglesia aparece en un video, el obispo del brazo amoroso de un jovencito, menor de edad entrando a un hotel. Grabado a todo color.

La iglesia se quedó muda, sorda y ciega, ante esta evidencia contundente. Igual que hace cuando sus sacerdotes son acusados de pedofilia. Igual de sus tratos con el narco y su enriquecimiento inexplicable.

La iglesia católica mexicana carece de autoridad moral para señalar los pecados ajenos mientras no vea los suyos propios.

La supuesta castidad de sus sacerdotes es un mito y una patraña. Voz populi son los amores y sobrinas que varios representantes del dios en la tierra. Mujeres y amantes, hijos. Casas chicas y casas grandes, dineros a montones. Mujeres, jovencitas y jóvenes, como sus amantes.

El Obispo Salvador Rangel, descubierto y expuesto en sus amoríos homosexuales “perdona” a agresores y descarta presentar denuncias tras su desaparición.

En un mensaje, este príncipe de la iglesia se compara con Cristo, se victimiza, y se muestra cordero de dios que es escarnio y burla de sus agresores. Ahora la versión es de un secuestro exprés. Y niega su realidad evidente, captada en video, de una noche loca, de drogas, viagra y amores homosexuales.

Se ve a este “santo” hombre acompañado de un jovencito menor de edad, entrar a un hotel. ¿Quién secuestra quién?

Dos días después aparece en un hospital, con sobredosis de drogas y viagra. E imaginó también con una amplia sonrisa de oreja a oreja.

El príncipe de la iglesia que pregona toda moralidad y ha jurado votos de castidad, resulta toda una contradicción. Una hipocresía y una aberración cristiana.

Cada quien tiene derecho de hacer con su sexualidad lo que se le venga en gana. Puede drogarse y mantener relaciones homosexuales con varones menores de edad, el único pero es que es un obispo de una iglesia que se dice la guía espiritual de los mexicanos, es un mentiroso e hipócrita. Una iglesia cuyo pilar es la castidad de sus sacerdotes y la condena a la homosexualidad.

Iglesia que actualmente mantiene una feroz guerra contra el gobierno de la cuarta transformación, contra los derechos humanos de los mexicanos.

Ahora este hipócrita obispo dice mantenerse delicado de salud debido a los efectos de las drogas, del amor y vida loca. Esa pastillita azul no es para todos. 

No ha dado su declaración, afirma el secretario de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Ramón Castro. 

No está bien, le duele su corazoncito. Es un muchacho de casi ochenta décadas, muy enamorado. No puede articular bien las palabras y no tienen alguna idea todavía. Y tampoco puede sentarse bien. Le arde el trasero. 

Tanto fue el amor y la pasión de esa noche que el obispo Salvador Rangel: “No sabía ni su nombre y que le robaron” obispo. Le robaron el corazón, su joven mancebo y matón.

Dos días se perdió el obispo, donde fue obligado a drogarse, a meterse viagra, entre otras cosas que se metió. Y fue “obligado” a amores forzados con un jovencito. Dos días de martirio del pobrecito príncipe del obispo. Pero ya perdonó a todos. 

Perdona a sus difamadores. Y al jovencito le ofrece la otra mejilla inferior. Y no pide investigaciones. Excepto investigar donde vive el muchachito que lo secuestró dos días en un hotel.

“Lo que estamos investigando es la posibilidad de que haya sido víctima de una historia de amor entre dos hombres, perdón de un secuestro exprés”.

El Episcopado Mexicano pidió a la comunidad católica y a la sociedad en general orar por la pronta recuperación del obispo Salvador Rangel Mendoza. Se le recomienda baños de sal y malva en una tina. Y vaselina cada ocho horas.

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