Los hijos de la Malinche

(Reflexión del capítulo del libro El laberinto de la soledad)

Cultura 30 de abril de 2024 ALEJANDRO PARRAL PARRAL

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¿El mexicano está herido o solo es su falta de identidad por la Conquista?, o tal vez solo está resentido con su propia patria, ¿somos todos hijos de la chingada? Octavio Paz deja en claro que la chingada es una palabra con toda la intencionalidad de denotar agresión, posesión, violación no solo meramente carnal, sino de vienés, ideas, recursos, cultura. 

Pero, ¿a qué me refiero con que todos somos hijos de la “chingada”?, me refiero a que todo mexicano más allá del hermetismo que generamos como mexicano, venimos de una nación y cultura violada, agredida, tomada que nos deja en orfandad natural, orfandad que nos convierte en hijos de la “chingada”, con resentimiento, con miedo a dar una expresión natural de quienes somos.

Esto no solo nos hace tener recelo de aquel que representa la figura de aquel odiado conquistador, sino también con la propia imagen del mexicano, pues el proceso de independizarnos como nación nos quedamos sin patria, sin corazón, sin madre a cuál acudir, pues nuestro “padre” la reformó y nos la arrebató, dejándonos enojados y peleando con algo que no podemos atacar ni tampoco reclamar, pues se encuentra en nuestro interior este enemigo en común, es irónico como todo aquel que es contrario o desigual al mexicano o a su nación, es un hijo de la “chingada” siendo que nosotros venimos de una nación que se “chingaron”.

E incluso en esta ironía el mexicano ve la vida como “chingar” o que se lo “chinguen”, pero ¿Por qué “chingar”?, pues creo yo que Octavio Paz quiso dejar claro que esta palabra es un desahogo contra el enojo de la “chinga” que le pusieron a nuestra nación y a nuestra cultura, un desahogo contra quien ya no está, contra quien no nos podemos quejar.

Octavio Paz no solo identifica esto como un desahogo sino también como una ofensa contra quien es deshonrado (como nuestra nación), pues para el mexicano ser hijo de la chingada es un hijo deshonroso, un hijo de una madre abusada, humillada, de esta misma manera explica la relación que tenemos con quien nosotros llamamos la “diosa madre”, quien representamos en la virgen de Guadalupe, la cual nos representa la imagen de la madre que nos fue arrebatada, una madre que nos ayuda a lidiar con su manto la orfandad del mexicano, pues México está tan solo como cada uno de los mexicanos en esta nación huérfana. 

Entrando un poco más en el malinchismo, representa a La Malinche la “chingada” en persona, quien fue entregada al conquistador (como nuestra nación) ella representando lo ultrajada, lastimada y traicionada que puede ser la “chingada”, dejando así una herida sin sanar, que cobra miles de “chingaderas” que nos pasan en nuestra nación. Viva México hijos de la “chingada”.

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