
Cuento corto
¿De qué me sirve tener tu boca, con todas las letras?
Si no te siento.
Si mi mañana es fría andando descalzo. De nada me sirve siendo honesto. Contemplar una idea errónea bañada en tanta belleza.
Admirar una mentira que se engalana con rosas de aroma dulce que terminan hediendo a soberbia.
¡No voy más!
No amo. Es una falsa idea que yo mismo me encargué de creer. La fabriqué, la ejecuté. En algún tiempo atrás, creía con todo mi corazón en ella.
No pretendo perseguir pétalos que se mueven de manera violenta en contra del viento.
¡No me permito seguir pistas, descifrar arquetipos, jugar a ser quien no soy!
¿De qué me sirve tener lo que los demás tienen? Si desde un principio no quería nada.
Ahora creo que he empobrecido mi alma. La he manchado de tantos vinos que ni me acuerdo quién soy por las noches y casi desconozco a lo que creo ser por las mañanas.
¡Soy un imbécil, un enfermo de amor, un alma vagando, un falso vagabundo!
Mis ojos, son lo único que les permite a las pocas almas que de verdad me quieren, escuchar todas mis historias complejas, poligonales, llenas de fantasía. Abrazarme en la oscuridad de mi apogeo, lamentar conmigo el camino que he tomado. Me quieren, si...
Aunque, ¿De qué me sirve? Si estoy a pocos pensamientos de acabar con todo.
Afirmo, ahora que estoy claro y tranquilo que de nada me sirve todo esto, si no hay amor.
Hace tiempo que dejé de amarme y saberlo, tampoco me sirve en lo absoluto.
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