Ya soy otro olvidado de Dios

Cultura 23 de octubre de 2023 Jesús Marín

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Sea lo que los dioses quieran. Dejo en manos del azar mi suerte y mi vida. Y mi muerte, en tus brazos, mi bella señora.

Sea Ananké, la fuerza superior de los hombres y los dioses, quien decida mi destino. Yo estoy demasiado derrotado, ya mis cruces de heridas y sangre me han vencido. Me hundiré en la resignación de los tullidos, en la muerte silenciosa de los abandonados.

He pasado terribles días de tormentas y devastaciones, días de tinieblas y gritos en las lejanías, resistiendo en la isla de mi tullidez, suplicando en silencio que Penélope me rescate. He gritado en la soledad de mis playas tu bendito nombre. He suplicado por la suavidad de tu vientre y el vino sagrado de tus labios.

Júpiter desató sus furias y poderes sobre mi mortalidad, apagando las hogueras encendidas en mis playas cada noche. Y los dioses y ella, la mujer que amo, me han ignorado. Han ignorado la sed de mi corazón. Me han desterrado a morir sin morir, a vivir sin respirar.

Mi Penélope me abandona, mi Penélope no tiene piedad ni misericordia, me niega su ternura y la tibia caricia de su alma.

Ya he perdido todo orgullo de guerrero troyano, vencido de soberbias y guerras. Vencido por la vida y la enfermedad, naufragante en helados océanos de la muerte, hundido en el reinado de la confusión, el caos primero, lo informe, el pleno extravío. Seré un no ser donde no existe nada, ni nadie. Envuelto en tinieblas, sin rostro. 

Me he rendido, ya no puedo perder nada, porque no tengo nada que perder. Perdí fortunas y famas. Perdí armas y valentías. De aquel orgulloso rey de Itaca que fui, la vida y los halos malvados, los dioses, se cobraron todas mis canalladas, me convirtieron en lo que soy, en un despojo de hombre, en un montón de pellejos y huesos, recluido en la tullidez de mi cuerpo.

Sea lo que los dioses quieran. Ya no pueden crucificarme más. No tengo nada que puedan despojarme. Ya soy nadie sin mi Penélope. Ya soy nada. 

Tres años sobreviviendo en la isla de mi tullidez. Tres años escribiéndote a ti, mi dulce Penélope. Mandando mensajes en botellas, rezando tu nombre en las noches sin estrellas. Hablándole a las olas del mar, en esperanza que me escucharas.

Trece años después, volviste un instante a iluminarme. Caí extasiado de esperanza. Hasta creí que los dioses me habían perdonado.

Mi nuevo reino es el inframundo, un reino invisible, un reino de oscuridades. Seré ese otro terrible Hades y como Teseo, seré un muerto en vida, desgarrándome los buitres el vientre por las eternidades.  

Hoy sé que fue una descarada burla de Dios. Una última carcajada divina. De nuevo soy un triste hombre. De nuevo soy un desterrado de la caridad y del amor. Un marinero encallado en una isla, encadenado como Prometeo, a mis llagas y dolores.

He perdido la fe en volver a verte, Penélope. He perdido la esperanza de volver abrazarte. De esculpir mis besos en tu cuello. Eres mi vida, eres mi amor. Te amo, hermosa señora.

Yo creí renacer de nuevo al besarte, muerto estoy, hundido en las negruras del Tártaro. Ya no se puede caer más bajo. No sirven las oraciones ni la esperanza. Ya soy otro olvidado de Dios.

Bendita seas Penélope. Yo he muerto. Reza por mí. Y que los dioses se apiaden de todos nosotros.

 

II

 

Dicen que resignarse es empezar a morir lentamente. Dicen que si la única mujer que amas te ignora y te condena al abandono, más te valiera ser sepulto.

No hay dolor más intenso en el corazón que comprender que esa mujer, tu Penélope, te niega su ternura. Es dejarte crucificado a mitad de tu isla de tullidez. 

Ya nada me importa, ella me apuñala de cruel resignación. Aun así, te agradezco esa tarde de septiembre que, por una hora, me hiciste creer en Dios.

 

III

 

Ya es un caer, caer, sin detenerse, sin pensar, ahogarse de tristezas. Dicen que no se puede morir de amor. Y es cierto, uno no muere de amor, uno agoniza de amor, en perpetuo dolor. Es un morirse sin morirse. En tu conciencia estará mi muerte, Penélope.

 

IV

 

Nunca en mi vida, he estado tan inmensamente triste, de esa honda y negra tristeza que va carcomiendo desde dentro. Ni cuando murió mi madre, una tarde de febrero, sentí esta amarga tristeza que hoy se llama como tú, hermosa señora. Dios, si me escuchas, apiádate de mí y hazme morir...

 

V

 

Sabes, Penélope, si no me he matado por mano propia, no es por cobardía. No me he matado por ti, por tus desaires y olvidos, pese a que muerto ya estoy desde tu abandono.

No me he matado por el dulce recuerdo de mi madre, para no avergonzarla al saber que no crió un hombre. Por eso no me he suicidado por ti. Por eso aún sigo de pie, aunque viva de rodillas. Sepulto soy desde que tú no vienes, desde que ni una esperanza florece de tus labios.

Ay Penélope, ojalá sintieras la pena negra que has sembrado en mi corazón. Tu nombre ya no será Penélope, de ahora en delante te nombraré pena negra de mi alma, hasta que este pecho deje de latirte…

 

VI

 

Y si no me he matado por ti, es por mi honor de gitano ilegitimo y porque si me mato, ni en la eternidad estaríamos juntos…

 

VII

 

Dime Penélope, qué se siente, ver agonizar al único hombre que te ama, de verdad sincera y de honesto corazón. Qué se siente tener de rodillas a un hombre cuyo único pecado es amarte sin condiciones. Qué se siente hacer llorar a este tullido. Qué se siente…

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