Irrealidades en el páramo - Sueños Felinos

Cultura 07 de agosto de 2023 RICARDO ALBERTO PÉREZ GONZÁLEZ

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- ¡Despierta, Gertrudis! ¡Despierta! - se escuchaba una voz a lo lejos, retumbaba en los oídos dormidos de la pequeña.

- ¡No la despiertes, aún no ha dormido lo suficiente! - interrumpió otra voz igual de lejana.

- ¿Quieren callarse los dos?

Pronto esas voces cobraban más claridad, haciéndose más fuertes.

Gertrudis abrió sus ojos. Estaba en su cama pero no en su habitación...

-¡Ha despertado!

-¿Quién despertó?

- Gertrudis, ¿estás bien?

Las voces se sincronizaban mientras que un revuelto animoso se desprendía dentro del recinto.

Cuando la pequeña terminaba de acomodarse en la base de la cama, dejaba ver una cabellera obscura y rizada que llegaba hasta su cintura. Luego de unos segundos, pestañeó. Después; grito.

- ¿Qué está pasando aquí? ¿Mamá? ¿Papá? ¿Dónde están? ¿Dónde estoy? ¿Quiénes son ustedes? ¿Porqué hablan?

Los gat...

- Si, Gertrudis, somos gatos, ¡Miau, miau, miau! - la interrumpió un ente felina que yacía erguida frente a ella.

Vestía como lo hiciera un campesino: overol, camisa blanca y unas botitas negras.

- Como podrás darte cuenta, somos tres tristes gatos en una cabaña. Espero no te molesten los pelos de gato- decía otro felino sentado en una sillita con las patas abre la mesa.

Mientras Gertrudis tomaba aliento, veía como en el techo de la cabaña colgaban muchísimas bolas de estambre. Estaban todas mojadas. El techo goteaba.

Gertrudis imaginó que fueron esas gotas las que le habían despertado, debido a que su cara estaba cubierta de un par de ellas.

Pronto se acercó al gato que estaba lo más cerca de la ventana. Traía un cigarrillo en su mano izquierda y algo parecido a un cenicero.

- Antes que nada, sea usted bienvenida a nuestra humilde morada. Disculpe la abrupta intervención de mis hermanos. ¡Yo, Hermenegildo Cortés de los Llanos le ofrezco una disculpa! - terminaba su introducción con una reverencia. 

Pronto fue apartado por los otros dos, que muy animosos se presentaron.

- Odión Joaquín, ¡presente!

- Pinturbano Diógenes, !a sus órdenes, mi bella dama!

Luego de la más extraña pero cortés presentación, Gertrudis soltó una carcajada.

- ¡Jajajaja! ¡No! ¡No puedo con esto! - saltó de su cama, tomó su larga cabellera con una mano y señalando con la otra dijo: 

- Minino, Odín y Peludo.

- ¿Qué?

- ¿Escuché bien?

- ¡Hey, Yo no me llamo así!

- Sus nombres son muy largos. ¡Así les llamaré! - seguía riendo a carcajadas, Gertrudis, mientras que los pequeños gatos se hacían en cuatro patas, guturando en señal de su inconformidad.

- ¡No!

- ¡Qué no!

- ¡Qué no, qué no!

Gertrudis, sin perder el tiempo, acarició a cada una de las cabezas peludas. Las quejas cesaron.

- ¿Porqué estoy aquí? No entiendo lo que está sucediendo.

- Gertrudis, en estos momentos te encuentras en el páramo, un lugar que está en...

La voz fue interrumpida debido a un temblor que empezaba a sacudir la cabaña.

- ¡Gertrudis! - gritó, Odín - ¡tienes qué!

La pequeña no supo hacer otra cosa que taparse los oídos, cerrar sus ojos. Pronto no escuchó nada.

Abrió los ojos, estaba acostada en su cama. En su habitación...

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