Sigue el cierre en Durango de negocios tradicionales

El fino arte de zurrar

Local 24 de julio de 2023 Jesús Marín

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Cerró Sanborns en Durango. Otro más a la lista. Otro caído ante la falta de inversiones y mediocridades de gobiernos duranguenses. Lo increíble es que sigan abiertos los comercios y restaurantes de la zona centro, el pomposamente llamado centro histórico de fachaditas de cartón que transó Ismael Hernández y Herrera Caldera. ¿Cuál es la novedad?

Con lo carísimas de las rentas para abrir un negocio, sale más barato y redituable, un changarro en la quinta avenida de Nueva York. Las pocas familias terratenientes, dueñas de esa zona, rentan sus propiedades a precio de oro, como si fuéramos Paris, una zona rosa o un Durango de sueldos competitivos, altísimo nivel de vida y poder adquisitivo.

Sanborns funcionó por casi 21 años, propiedad del hombre más rico de México, Carlos Slim, pero hasta Midas tiene sus límites. La pandemia lo rozó levemente, pero lo rozó y no sostuvo por más tiempo las cifras rojas de Sanborns Durango.

La mayoría de los duranguenses si entrabamos a Sanborns, más allá de pelar chicos ojotes ante la exquisita e inalcanzable perfumería, las películas de estreno, su impecable y cara librería, era por la urgencia de obrar y usar los mingitorios.

En una ciudad con ínfulas turísticas, de orgullos rabones, sin cagaderos públicos, esta de la vil chingada, cagar no conoce de reglamentos. Si no consumes en restaurant o bar, no se te permite descargar el estómago, aliviar la vejiga, así ofrezcas pagar hasta veinte pesos.

Un solo baño público en todo el centro histérico, abajito del multifamiliar no tiene madre. Pos uno aguanta hambres y desaires, pobrezas y humillaciones, pero no aguantamos vivir sin cagar. Cagar es un placer sin coste ni impuesto. Si la mierda valiera algo, los pobres naceríamos sin culo.

Pagar cinco pesos por cagar en esos distinguidas retretes, es divino alivio del cuerpo. Pequeña suntuosidad que nuestro culo merece y nuestra humanidad agradece. Ahh, zurrar es un placer genial. Cagando vivo mientras viva. Aquel libre de mierda, lance el primer mojón.

Sentar nuestro humilde nalguerío, se tenga nalga o se carezca, en límpido trono, blanco como la conciencia del Papa, es un goce de dioses. Oliendo el desinfectante de primer mundo. Toda esa maravilla por cinco pesos, la excreción.

Cinco pesos nos costaban cagar y destilar el agua de riñón en el Sanborns. Por unos momentos, sentirnos duranguenses ricos e importantes. Los cinco pesotes mejor invertidos en nuestra precaria economía alacranera. Hasta con pena, pidiendo perdón por manchar con nuestros inmundos desechos a tan elegantiosas letrinas.

Íbamos al Sanborns, a su cafetería, a lucir intelectualidad, fingir que leíamos un libro de moda o trabajábamos en la laptop, tomándonos un méndigo café por horas. Atendidos diligentemente por pobres mujeres, vestidas ridículamente con una mezcla de meseras holandesa, chinas poblanas y lo que se nos ocurra. Rara vez, clavando el antojo en uno de sus bellos y artísticos platillos. Seamos sinceros, sus precios, sus mercancías, lejos de nuestro miserable caudal duranguense.

Sí, adiós a este café snob, símbolo de una reducida casta privilegiada en México, como Liverpool, Sears. Se unirá a esos otros negocios en Durango que con Covid o sin Covid, llevan años cerrando, ante la nulidad de gobiernos y sus planes de desarrollo.

El restaurante Los Agaves de Pensiones es como Sanborns, aguantó tanto. Se suma al cierre de negocios tradicionales como el Palacio de la Revista, cerrado en pandemia, la ferretera La Conquistadora que por cien años surtió de toda clase de productos, herramientas a la ciudad y campo.

Recientemente la tradicional dulcería Schroeder, fundada desde 1948, por la calle 5 de febrero, visita obligada para los amantes golosos del chocolate fino y delicioso, tras el fallecimiento de su dueño, acabó convertida en sucursales coreanas de fayuca.

¿A qué el azoro? El asombro hubiera sido, nuevas inversiones en Durango. Somos Durango. Pobre Durango, tan repleto de duranguenses. Ni cómo ayudarlo.

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