La indignidad de Xóchitl Gálvez

Apropiación cultural y usurpación política de pueblos originarios

Nacional 17 de julio de 2023 JORGE LUIS JUÁREZ MARTÍNEZ

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Parecía que la oposición en México respondía por fin al ajedrez político de Andrés Manuel López Obrador cuando designaron tácitamente a Xóchitl Gálvez para competir en la contienda presidencial del 2024. Y es que el quimérico discurso liberal – progresista de la hidalguense daba la falsa idea de poder competir con la narrativa obradorista respecto a que también esa facción conservadora les “interesa” ayudar a los más necesitados. 

 

Sin embargo, cualquier persona politizada sabe que representa la simulación en su máxima expresión. Gálvez vota a favor de los programas sociales pero no su bancada de partido. Gálvez apoya a la comunidad LGBT y sus demandas, sólo para la fotografía pero no desde el Senado. Al mismo tiempo apoya las demandas feministas en vísperas del 8 de marzo, pero no cuestiona las estructuras patriarcales al interior del PAN. Se pronuncia por la transparencia y la democracia pero no declara sus ganancias reales ni mucho menos le interesa democratizar las bases internas de su partido.

 

Asimismo, tampoco extraña la falsedad de su discurso. En el panorama político de la oposición no cabe la memoria histórica. A partir de entonces, la precandidata abogó con fiereza por su supuesto origen y pasado indígena como si se tratara de un disfraz. Y la crítica por parte de la izquierda no se hizo esperar. Porque al mismo tiempo, se denunció lo evidente: no sólo no ha ayudado a los pueblos originarios, sino que se ha empeñado apropiarse culturalmente de elementos de su comunidad, Tepatepec, donde apenas la recuerdan. 

 

Peor aún, al autodesignarse indígena, usurpa políticamente un lugar que legítimamente corresponde a pueblos originarios como fue el caso válido de Marichuy en el 2018. No se trata de poseer un “indigenómetro” como se lo pidió al caricaturista “El Fisgón” para recriminar que nadie podía cuestionarle su decisión. Es más, en el programa de Canal Once de Sabina Berman, volvió a insistir en asumirse indígena por elección propia. 

 

Como si acceder a puestos de poder y contratos gubernamentales también fueran posibles por una decisión similar. Como si la pobreza y la marginación pudieran dejarse de lado de la noche a la mañana. Como si los pueblos originarios pudieran aliviar los agravios históricos sólo por arte de magia. Asumirse indígena como lo hace Gálvez, sin involucrarse en el desarrollo de las mismas comunidades y siendo cómplice de los intereses creados que los han despojado de sus tierras es por decir lo menos, cínico. 

 

Su descaro es igualmente proporcional que recalcar al electorado que es amiga de Carlos Salinas de Gortari y Diego Fernández de Ceballos, de los que por cierto, hace años grabó un Periscope desde su teléfono celular en una fiesta particular cuyos invitados pertenecían a la clase política mexicana del PRI y del PAN, exhibiendo su amasiato y mostrando en tiempo real en sus redes sociales a dicha genealogía política. 

 

Por otro lado, la ultraderecha mexicana ha manifestado que no está de acuerdo en su designación como candidata presidencial por la agenda pseudoprogresista que representa. Panistas de vieja cuna como Gilberto Lozano y Demetrio Sodi se burlan incluso, que se denomine empresaria alguien que ha vivido de contratos gubernamentales y que tiene nexos con el cartel inmobiliario en la Ciudad de México.  No obstante, Claudio X González y aliados ya decidieron. La elegida es Gálvez porque es la única oportunidad de resguardar lugares clave en la Cámara de Diputados y el Senado. Un voto para Gálvez, es un voto para el PRI, que es lo que importa.

 

El discurso indigenista es un recurso desesperado y al mismo tiempo ilusorio. Aún así, es atractivo para un sector antilopezobradorista que cuestiona al tren maya, pero no a los hoteleros de la región. Odiadores de AMLO que desprecian a los beneficiarios de los programas sociales, pero ni por asomo se preguntan qué empresarios han sido y son vividores del presupuesto público a través de contratos con los gobiernos municipales y estatales. Aspiracionistas que al igual que Xóchitl Gálvez, crecieron al amparo de privilegios y ahora por la búsqueda del poder político, se asumen indígenas en el colmo de la indignad.

 

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